Canteros de Bolonia


ESTATUTOS DE LOS CANTEROS DE BOLONIA 1248

Los Estatutos de los canteros de Bolonia de 1248 son uno de los documentos masónicos más antiguos que se conocen, de ahí que revistan un especial interés, pues constituyen un testimonio histórico y normativo a la vez que una enseñanza referida al arte y oficio de la construcción, el cual, al ser vivificado por el rito, establece un orden y armonía, que partiendo de los Principios Universales, organiza todos los niveles jerárquicamente inferiores, es decir, los pertenecientes al ámbito de lo manifestado, inclusive el del plano más material y concreto.

Una cuestión a tener en cuenta es la época en que estos Estatutos fueron redactados: la cristiandad medieval, con las consiguientes normas religiosas imperantes en ese momento, recordando que la Masonería -que no es religiosa sino una organización iniciática de oficio de alcance universal-, ha tenido siempre la facultad de adaptar su visión simbólica del mundo a todo tiempo y lugar, superando cualquier rigidez o dificultad religiosa, política o social, motivo por el cual sigue viva hoy en día. S

us orígenes míticos la entroncan con la cosmovisión de antiguas tradiciones, tal y como reflejan otros documentos de la Orden, como es el caso del manuscrito Cooke de 1410, donde se dice que “Toda la sabiduría antediluviana fue escrita en las dos columnas”, las mismas que dan acceso y sostienen el Templo Masónico. T
odo esto hace de la Masonería un “arca” en la que se encuentran depositados los conocimientos revelados por los dioses a los hombres y que desde la más remota antigüedad se han transmitido ininterrumpidamente hasta la actualidad, cual tesoro a redescubrir o descifrar por cada masón entregado a la labor de conocerse a sí mismo.

Por tanto, este documento constituye uno de los legados de dicha organización iniciática y operativa, la cual, respetando las formas y usos del lugar en el que desarrolla su trabajo, llega a formular hasta el último de los detalles que rigen su institución, aun lo más externo o exotérico, pues ya se sabe que el punto de vista esotérico -dado su carácter interior, nuclear o principial-, es el origen de todo lo manifestado y por tanto de todo lo perteneciente al ámbito exotérico. Es más, en la época de la redacción de los Estatutos, lo esotérico y lo exotérico convivían sin conflicto, pues se reconocía la superioridad del primero respecto del segundo, y su consiguiente complementariedad. Esto es lo que también hace de este documento administrativo un testimonio del origen del propio ritual masónico, puesto que “las corporaciones de constructores medioevales le han dado su estructura a la Masonería, incluso los tres grados iniciáticos y su simbólica fundamental vinculada con el arte de construir.

Los Estatutos de Bolonia de 1248 ponen el acento en prescripciones y normas de orden externo, y no revelan explícitamente los símbolos y secretos propios de la Iniciación, si bien es indudable que su redacción está inspirada por esas ideas más interiores. Esos secretos se plasmaron y perpetuaron en las propias construcciones arquitectónicas llevadas a cabo por los masones, en las marcas de cantería, en las esculturas, en los grabados y relieves de las catedrales, así como en los vitrales, las herramientas, etc, es decir, en todo lo que constituye la simbólica del oficio, donde se halla contenida la síntesis de los conocimientos tradicionales que la Masonería vehicula y cuyos orígenes, verdaderamente, y como tantas veces se ha dicho, “se pierden en la noche de los tiempos”.

Toda esta riqueza está a la vista de cualquiera que desee contemplarla; pero las claves para su interpretación y sobre todo para su aprehensión, requieren de una enseñanza y un aprendizaje que sólo puede ser transmitido y vivenciado a través de la iniciación.

 

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