II° Centenerio del fallecimiento de Francisco de Miranda-un héroe de la Independencia Hispanoamericana


Por: FRANCISCO JAVIER ACEVEDO RESTREPO

 

UNA MIRADA A LA VIDA DEL PRECURSOR DE LA INDEPENDENCIA HISPANOAMERICANA EN EL SEGUNDO CENTENERIO DE SU FALLECIMIENTO

 

INTRODUCCIÓN.

Aquellas personas de mi generación, es decir, las que nacimos en la década de los cincuenta del siglo pasado y tal vez la de los sesenta y setenta, pudimos disfrutar de las clases de historia en colegios y escuelas. Sin embargo, las generaciones posteriores no tuvieron ese privilegio, pues en un gobierno del cual no quiero acordarme, el presidente y su ministro de educación, resolvieron adoptar una idea de un representante de la UNESCO en ese entonces, que pidió retirar del pensum académico, todo aquello de la historia y de la geografía, que representara el darle cuerpo a una cátedra, para tan solo ofrecer a los alumnos unas breves nociones de estas materias y concentrar todos los esfuerzos en ciencias las básicas como las matemáticas, química, física, biología, etc…

Pero para quienes aún tuvimos la suerte de aprender lecciones de historia, también nos quedaron vacíos acerca de grandes capítulos de lo que fue la primera etapa de formación de nuestro país y del resto de las naciones americanas. Es por lo anterior, que ni aquellas personas que como yo pasamos de los sesenta años y menos los que aún no llegan a los cincuenta, poco sabemos acerca de hombres ilustres que forjaron la independencia de América. Podemos citar a Pedro Gual, al Coronel Felipe Mauricio Martín, el General de División Carlos Soublette y Jerez, al Presbítero Mariano José de Arce y por supuesto, el Precursor de la Independencia de Hispanoamérica, Francisco de Miranda y Rodríguez, y seguramente no nos acordaremos de muchos de ellos y de otros que tan solo, fueron personajes que algo contribuyeron para la independencia de las naciones del Nuevo Mundo.

Es por ello, que al conmemorarse en este año al segundo centenario del fallecimiento de Don Francisco de Miranda y Rodríguez, es de justicia recordar a este prócer de quien poco sabemos y quien abrió el camino para el logro de la libertad americana, por lo que pretendemos hacer un repaso de su vida a vuelo de pájaro, con la ilusión que quien lea estas líneas, se anime a profundizar más en la vida de este gran hombre y explore en las bibliotecas públicas y en las Academias de Historia, sobre su vida, su obra y sus logros a lo largo de sus 66 años de vida y la incomprensión de muchos de sus contemporáneos que no supieron apreciar a tiempo las ideas de un visionario. Solo algunos pocos comprendieron el valor de su lucha y los sacrificios a que se sometió, pero como todo gran hombre, la historia lo rescató y es deber nuestro, exaltar su memoria y mantener viva su obra.

 

SU FAMILIA Y NIÑEZ.

Ricardo Carrasco en su magnífica obra sobre Miranda, nos narra que nació en la patricia ciudad de Santiago de León de Caracas, capital de la Gobernación y Capitanía General de Venezuela, hijo de una familia ilustre cuyos antepasados habían prestado importantes servicios a la dinastía española: Diego de Miranda, héroe famoso en las guerras de Italia y Juan de Miranda, muerto gloriosamente en la batalla naval de Lepanto. Su padre, don Sebastián de Miranda y Ravelo, natural de Orotava, isla de Tenerife, una de las Canarias, quien abandonó su tierra para instalarse en Caracas, donde se dedicó al comercio de textiles y atendía personalmente su negocio con mucho éxito.

Don Sebastián, casóse en Caracas y de ello da fe la partida de matrimonio existente en la Iglesia Catedral con folio 55 del libro parroquial 8 que a la letra dice: “En la ciudad de Caracas en veinte y cuatro de abril de mil setes quarenta y nueve, el Presbítero Dn. Thomas Melo Presbítero con licencia que le di yo el Cura rector de esta Catedral, asistió al matrimonio que por palabras de presente contrajeron in facia eccae según rito de nuestra Santa Madre Iglesia Dn. Sebastián de Miranda residente en esta ciudad hijo legítimo de Dn Gabriel de Miranda y de Doña María Francisca Ravelo, naturales de las islas de Orotava, y Doña Francisca Antonia Rodríguez, hija legítima de Don Antonio Rodríguez y Doña Catalina González. 1

Sebastián Francisco, nació el 28 de marzo de 1750, primer Miranda venezolano, es el hijo primogénito del matrimonio Miranda Rodríguez.

El 27 de diciembre de 1750, en la misma Iglesia catedral, el ilustrísimo Obispo de esa Diócesis don Manuel Machado y Luna, administraba el Santo Sacramento de la Confirmación, según consta en el libro 7 folio 747 a Sebastián Francisco, hijo legítimo de don Sebastián de Miranda y de doña Francisca Rodríguez. Este niño, al que según los documentos transcritos se le dieron los nombres de Sebastián Francisco, es el prócer que luego se ha conocido y ha pasado a la historia, como Francisco de Miranda.

En la calle de la Divina Aurora, cerca de la Plaza Principal, alzóse la casa de los Miranda de Venezuela, comprada por cinco mil pesos, en 1762 a los herederos de Fernando Mejías por don Sebastián de Miranda, fundador de la rama venezolana, comerciante canario y servidor de las milicias del Rey.2

Allí transcurrió la infancia de Sebastián Francisco y su pubertad, entre juegos de tresillo, festejos y tertulias de mayores, entre tanto, en los claros patios y corredores, la algazara de los chicos que también fueron testigos de esos momentos amargos por cuenta de la nobleza criolla por aquello de la limpieza de sangre o de blasones, mientras que el joven se entretenía en las noches de luna con serenos y meriendas de perfumado chocolate, refrescos y golosinas y en las largas tardes calurosas jugando con los chicos de la vecindad y después preparando su viaje a España, pues debía tener toda suerte de documentos: Partida de nacimiento, Certificación de Estudios, Información de Legitimidad, Ejercicio y Costumbres, Informe de Hidalguía y permiso para el viaje.

En buena hora sus padres le enseñaron los primeros rudimentos, maestros particulares – el padre Santaella, don Narciso Yépez, el padre Lindo, le dieron lecciones de Latín y más tarde pasó a la Academia de Santa Rosa iniciándose en las clases preparatorias bajo la dirección del doctor Monserrate. Hizo su entrada en la Real y Pontificia Universidad y en septiembre de 1764 se matriculaba con su hermano Francisco Antonio Gabriel – quien murió muy joven – en el curso de Artes que leía don Francisco José de Urbina.

Después del primogénito sus padres tuvieron varios hijos más, Ana Antonia, Rosa y Micaela, Francisco Antonio, Gabriel y otros más hasta completar una familia de diez hijos.

SU JUVENTUD.

Llegaba la hora del viaje y recibía de su madre consejos y de su padre cartas y dinero para tomar el camino de La Guaira en donde le esperaba la fragata sueca “Príncipe Federico”, que le debería llevar a España para dedicarse al servicio de Su Majestad Católica. La fragata sale de La Guaira el 25 de enero de 1771 y piensa en todas las humillaciones que la aristocracia criolla les ha propinado a su padre y a su familia y en volver algún día cargado de honores para devolver las afrentas.

El primero de marzo arriba a Cádiz y es recibido por don José de Aniño y otros conocidos de su padre y catorce días después, viaja a Madrid pasando por Jerez, Utrera, Écija y Córdoba; quedándose en posadas y conventos y llega a la capital para seguir estudios de matemáticas e idiomas gastando su dinero en libros de variados temas, hace visitas a museos, palacios y granjas en compañía de su profesor de francés el señor La Planche y recibe clases de muchos otros profesores y maestros extranjeros.

Este joven, al que según los documentos conocidos se le dieron los nombres de Sebastián Francisco, es el prócer que luego conocería la historia como Francisco de Miranda. El primer cambio de su nombre surge en un documento que inició ante don Manuel Toledo escribano del Rey del Supremo Consejo y del Gobierno de Aragón, en la ciudad de Madrid el 9 de noviembre de 1772, dándole vuelta a su nombre y llamándose de ahí en adelante Francisco Sebastián, con ocasión de la muerte de su hermano Francisco Antonio y luego cambia de nuevo por solo el de Francisco.

Debe entonces para entrar al servicio del Rey, tener claras sus cuentas de nobleza y pura sangre y en estas mismas calendas, obtiene del Cronista y Rey de Armas de la Católica Majestad, sus “Papeles Genealógicos y Carta Executoria” en todo lo cual consta su antigua nobleza.3

Y es cierto, el apellido Miranda se le reconoce entre los más célebres de la historia de España, Portugal e Italia. Los Duques de Miranda estaban emparentados con la antiquísima familia de los Caraccioli, Caracholo o Caracciola, de rica y sabida historia en toda Europa, a la cual perteneció el famoso doctor de la Iglesia Tomás de Aquino.4 Escritores, pintores y frailes también aparecen en las ramas de los Miranda y existió un jesuita llamado Francisco de Miranda nacido en 1679 y fallecido en 1744, quien enseñó teología en Salamanca y Valladolid.

Es muy conocida la genealogía de Miranda y por lo tanto no abundaremos en ello en esta ocasión, para dar paso a otros episodios de la vida del Precursor, pero dejemos constancia de todos modos aquí, de lo que Zazo y Ortega, Cronista y Rey de Armas Numerario de la Católica Majestad del Señor Don Carlos Rey de España y Emperador de la América, Tercero de este nombre, dice en su copia testimoniada e informe de limpieza de sangre: “Que hay casa y solar antiquísimo de la familia Miranda, habiendo producido otras muchas de la mayor estimación, en el reino de León, Galicia, Portugal, Andalucía, Sevilla, Aragón, Tierra de Jaca Montañas de Burgos y en otros diferentes parajes como en Villa Nueva de la Serena, Caracas e Islas de Tenerife, de las cuales surgieron varones de mayor mérito y lealtad a su Rey y señor natural…”

Los estudios realizados en Caracas primero y luego en España, le capacitan para entrar al servicio del Rey. Su padre, exitoso comerciante, le proporciona dinero suficiente para llevar una vida cómoda, vestirse con elegancia y frecuentar los mejores sitios de la sociedad de entonces en Madrid. Aficionado a los libros, gasta parte de su dinero en formar una exclusiva biblioteca con obras en las que se halla el Corán, los autores franceses e ingleses de las más avanzadas ideas y las visitas frecuentes a los museos y bibliotecas, van formando la cultura del indiano.

La mentalidad mirandina va entrando, así, a la iluminación corrosiva del cambio intelectual y conciencial que, por su naturaleza, opera con lentitud. “Romper costumbres es a par de muerte”, escribió Gonzalo de Berceo.

La nutrición intelectual que va tomando en Madrid, a pesar de las angustias que cabe cuando de algo prohibido se trata, y muy castigado a la vez, adquiere proporciones hasta el punto de alterar la mentalidad de este lector voraz. Cuando abandona la capital española, hace un inventario de sus libros: 365 en español, 138 en francés y 40 en inglés. ¿Qué hay allí? Una vasta concurrencia de humanismo, una concepción orbital de la cultura. Voltaire, Rousseau y Montesquieu, casi completos, cuatro tomos de El Espíritu de la Enciclopedia”; cinco de Misceláneas de D´Alambert; tres de las obras maestras de Corneille, dos de Cartas de Diderot y muchas obras de gran importancia en el momento que se vivía en Europa.5

En noviembre de 1772, presenta ante los oficiales del Reino, su condición y deseo de servir a Su Majestad y además le escribe una carta a Carlos Tercero, para informarle que lo que más anhela es poder ingresar al ejército y el siete de diciembre de ese mismo año, ingresa a las filas como Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa, cargo que había negociado desde abril del año anterior con Juan Gaspar de Turrieguel y el 7 de enero de 1773, le son entregadas por este las Patentes, mediante el pago de 85.000 reales de vellón, según consta en el documento firmado ante el escribano Pedro José de Yebra Camargo.

Así empezó su servicio en guarniciones y presidios españoles y africanos, pero su arrogancia e ímpetus de superioridad, le ocasionarán ciertas animadversiones y algunos incidentes. Estando en el servicio de fronteras en tierras africanas, se entera que escogerán a algunos integrantes de su regimiento para ser enviados a la América Española y el 17 de junio de 1774, se dirige desde Melilla al Conde de O´Reilly pidiéndole un cambio sin dejar de hacer constar sus conocimientos de idiomas y geografía que lo capacitan para un grado superior y para servir a Su Majestad con mayores posibilidades.

Pero no fueron tomadas en cuenta sus aspiraciones y con motivo de que los marroquíes y argelinos se emanciparon contra la bandera española y cristiana en sus tierras, quedó declarada la guerra y Miranda recibiría su bautizo de fuego en combate contra los moros, según nos narra Nucete – Sardi, pero para el ecuatoriano Rumazo González, tan solo fue una experiencia militar sin mayor importancia en donde Mirando tuvo solo dos actuaciones significativas.

Allí lucha durante tres meses contra el propio Emperador de Marruecos, Abdulhamid, quien ataca los fuertes hispanos y Miranda propone un plan a su jefe Don Juan Sharlock a fin de inutilizar la batería que el enemigo tiene en la Playa. Los españoles logran hacer que el Emperador marroquí busque la paz con Carlos Tercero y Miranda se cree merecedor de nuevos grados y condecoraciones incluyendo la Orden de Santiago, por sus acciones y capacidades militares. Pero esto no sucede, lo único que obtiene es una felicitación por sus actuaciones y se queja. Visita a Gibraltar y conoce a militares ingleses, conoce al Capitán Boyd quien le invita a un baile en casa del Gobernador. Sus aspiraciones crecen y pide ser transferido al servicio naval o a Prusia en comisión para estudiar los sistemas militares prusianos.

Entre tanto en América, se desarrollan acontecimientos de una gran importancia. Se han reunido los delegados de los trece estados de La Nueva Inglaterra en Filadelfia en su primer Congreso y suspendieron las relaciones comerciales con la Madre Patria. Respondieron así, a las tasas impositivas creadas por Londres exclusivamente contra los habitantes de esas Colonias. Esta actitud llevó a la guerra, que inició en 1775 (batallas de Lexington, Concord, Bunker Hill). El 4 de julio siguiente se firmó la Declaración de Independencia redactada por Jefferson. En ella se formularon por primera vez en la historia de la humanidad, Los Derechos del Hombre; los ampliará trece años más tarde, la Revolución Francesa. El derrotero americano había empezado a modificarse con la victoria de Washington. Francia y España ayudaron militarmente a esa liberación y en ambas naciones reinaban los Borbones. Inglaterra posteriormente le cobrará a España esa ofensa apoyando de manera determinante a Bolívar.

A Miranda por su espíritu independiente y su impetuosidad lo hacen levantarse ante la injusticia y el malquerer de algunos oficiales peninsulares del que se siente víctima. A mediados de 1777, lo encierran en un castillo de Cádiz por desobediencia. Un superior lo elogia y sale de prisión, pero un año después, vuelve a sufrir prisión por insubordinación y se le absuelve. Viaja por España haciendo relaciones y acrecentando sus conocimientos, visitando museos y lugares de arte y religión, sometiéndolos a su crítica y consignando todo en su diario.

Muchas aventuras se dieron por entonces en la vida de Miranda que quedaron plasmadas en cartas de don Juan Centeno, de la gaditana Pepa Luque y de María Teresa una de sus amantes. También por aquella época le invitan a Gibraltar de nuevo y acepta para romper con la monotonía de su estancia en Cádiz. El Peñón es un baluarte inglés desde 70 años atrás, se queda allí dos meses y ofrece retornar, lo que hace un año después para absorber mejor la cultura inglesa y allí es invitado a ingresar a la masonería, la asociación más importante del siglo XVIII y de buena parte del diecinueve en el mundo occidental; la más perseguida y condenada a la vez por el Vaticano; la Inquisición y algunos Estados de influencia católica. Miranda se inicia en la Orden con entusiasmo en Gibraltar y utilizaría el poderío masónico en forma extraordinaria. Todos los capitanes que con él conspiraron y que luego hicieron la guerra magna de liberación, integrantes de la masonería fueron: Bolívar, San Martín, Páez, Monteagudo, Santander, O´Higgins, Rivadavia, Alvear, Bermúdez, Mariño, Juan Pío Montúfar, Rocafuerte, Unánue, Nariño, Soublette, Montilla, Ribas, Pueyrredón, Zapiola, Belgrano, Hidalgo, Morelos, Urdaneta, etc…La masonería fue la gran gestora y por ende la gran coordinadora de la emancipación americana; ese es su honor en la historia.6

En Cádiz, el capitán caraqueño ingresa a la Logia de la ciudad dependiente de Londres7. Sin embargo debemos apuntar en estas notas, lo que Julio Hoenigsberg manifiesta en su libro Influencia Revolucionaria de la Masonería en Europa y América en su capítulo XVIII…”No hay dato cronológico de cuando se iniciara el General Francisco Miranda en la masonería. Según Becerra y Mancini, recibió los primeros ornamentos de la Orden en Madrid, en el Rito de York, en el año de 1774…”Continúa Hoenigsberg citando a Bartolomé Mitre, quien dice…”Que el Precursor Miranda fue algo así como un predestinado de gloria. Combatió por la independencia de los Estados Unidos a las órdenes de Jorge Washington. Fue iniciado por este, en la logia de Virginia…”8 Sobre esto, nos parece que Mitre no está bien informado y que todo apunta a que Miranda fue iniciado en Europa y lo que más se ajusta a los hechos, es que haya sido en Cádiz su iniciación y que Mitre confunde la iniciación con que fuese admitido en la logia de Virginia como un miembro más de esta.

El mismo autor manifiesta que a Miranda lo hacen pasar en los cuadros de la Sociedad Carbonaria Filadelfos que aspiraba a la “organización en Francia de una República Federal” y además, como miembro de los terribles Iluminados, en donde adquirió el título de hermano rojo. Otros biógrafos del Precursor, afirman que él vio la primera luz masónica en Londres en 1780, y deducen que a ello se debieron sus valiosas relaciones de amistad con prestigiosos políticos ingleses como Pownal, Gran Inspector General de la Orden en Inglaterra.9

De lo que no cabe duda, es que Miranda durante la época del reinado de Carlos IV, contribuyó a la fundación de logias en Madrid, todas ellas, bajo la égida del Gran Oriente de Inglaterra. Se conoce también que uno de los más importantes aportes que Miranda hizo para la masonería de la época y que contribuyera a ejercer influencia en la emancipación de los países americanos, fue la creación de la logia “Junta de las Ciudades y Provincias de la América Meridional”, que en Cádiz tuvo el nombre de “Sociedad Lautaro de los Caballeros Racionales”, y que fue de gran importancia por su actividad política y por las ramificaciones que logró en muchas provincias españolas.

Pero el sino de Miranda es adverso y su Regimiento tiene por Comandante al Conde O´Reilly quien desprecia al americano como todos los peninsulares a los del Nuevo Continente y ordena el arresto del oficial por “haber usado prendas que no eran las del uniforme”, pero la parafernalia montada la traduce Miranda en su diario así: “Pocos arrestos se habrán hecho con mayor aparato; de modo que sospecharon casi todos, hubiese algo de Inquisición en el asunto”. Cumplido el castigo Miranda solicita permiso de cuatro meses para trasladarse a Madrid. El Conde de Ricla, Ministro de Guerra concede la licencia sin objeción, viaja con el Regimiento de la Princesa y anota minuciosamente cuanto va viendo a su paso.

En Madrid se entera de la condena y prisión a ocho años del enciclopedista peruano Pablo Olavide acusado por la Inquisición; se le declaró herético, infame y miembro podrido de la religión y al tiempo este Tribunal actuaba también contra Miranda. El Tribunal de Sevilla había remitido una “Sumaria” que debía estudiar el Consejo Supremo de la Entidad en Madrid. Se le acusaba de ideas heréticas y de guardar libros prohibidos y pinturas obscenas. ¡Todo tenía amplio fundamento! Pero no llegó a ser encarcelado por estos actos, aunque sí vigilado de cerca en sus actividades.

Viene luego la declaratoria de guerra de España a Inglaterra, para apoyar con Francia a los Estados Unidos que venía combatiendo por su independencia lo que conmocionó a la sociedad europea. Había un pacto de familia – la de los Borbones – entre Francia y España. Miranda es miembro del ejército español; le atañe directamente el conflicto y al ordenarse una gran expedición de tropas a Cuba, Miranda se queda sin su gran amigo y benefactor el Coronel Cagigal, Comandante de su Regimiento de la Princesa, pues fue ascendido a General y enviado al campo militar de San Roque en Cádiz, de donde seguirá más tarde a La Habana. Ambos americanos, ambos masones.

El Regimiento de Miranda es ahora comandado por un compañero suyo el Coronel Juan Roca, peninsular quien lo trata con desdén y hasta con odio. Acusan a Miranda de nimiedades y lo arrestan por espacio de casi seis meses en su residencia, lo cual le permitió dedicarse a la lectura y refrescar conocimientos, poniéndose a nivel de los saberes de la época. El carácter universal de su cultura, llegará a cimas muy altas. La cultura otorga un poder que no dan ni la política ni las riquezas: es firme, indestructible y creciente.10

Cesó el arresto y Miranda recibe la orden de trasladarse a Cádiz al Segundo Cuerpo del regimiento de la Princesa. Allí está Cagigal y le propone que se incorpore a la expedición militar que se disponía partir para La Habana, una escuadra de cuarenta navíos y diez mil hombres, al mando del General Victorio de Navia Osorio. Arriban a puerto cubano donde está el resto de la flota y Cagigal es nombrado Gobernador y Capitán General de la isla, llamando de inmediato a su amigo y Hermano Francisco de Miranda a ocupar el cargo de Ayudante de Campo, situándole en relieve y preferencia, significaba reconocimiento de valía y muestra pública de confianza.

Comienza la fama y la envidia a la vez y la Inquisición extiende su brazo para vigilar los movimientos de este hombre, pues no soporta el encumbramiento de todo ser de pensamiento liberal.

Durante diez meses Cagigal gobierna en la isla y alista la flota para el momento en que el Gobernador General de la Louisiana, Bernardo de Gálvez, requiera una movilización de la flota hispana contra los ingleses. Miranda entre tanto, se informa de los aconteceres del Reino, las colonias y el resto del mundo.

El 28 de febrero de 1781, la expedición española se hacía a la vela desde el puerto de La Habana rumbo a Pensacola, la comandaba Gálvez quien tenía instrucciones de reconquistar la Florida occidental, que se hallaba en poder de los ingleses. El general había reconocido en nombre del Rey de España, la independencia de las colonias angloamericanas que aún luchaban por su soberanía a pesar de haberla proclamado en 1776.

El 9 de abril de 1781, por segunda vez zarpa de La Habana una expedición rumbo a Pensacola comandada por don José Solano y una División de 1.600 soldados que iba al mando del general Juan Manuel de Cagigal, quien llevaba de edecán al Capitán Francisco de Miranda e iban en auxilio de don Bernardo de Gálvez quien debería tomar la Plaza de Pensacola. A la escuadra española se sumaría la francesa al mando del Almirante Montelle.

Semanas antes de la partida, han llegado noticias procedentes del Virreinato de la Nueva Granada, vecina de Venezuela: Los Comuneros, o sea, el pueblo en masa, se ha sublevado en protesta por los decretos de más impuestos en las poblaciones de Charalá, Mogotes, Simacota y El Socorro. Era una nueva prueba del nervio de los americanos, contra el colonialismo. Había ya una conciencia criolla y mestiza, capaz de insurrección.

Como en la Campaña de Melilla, Miranda abre su diario y escribe treinta páginas sobre la Campaña de Pensacola y deja registrados minuciosos detalles de cómo vencieron a los ingleses y cómo el General Campbell ordenó izar bandera blanca y rendirse al ejército español. Miranda había cooperado en esta ocasión mucho más de lo que hizo en Melilla y por ello fue ascendido a Teniente Coronel por el General Cagigal.

Miranda tiene la certeza de haber ayudado en la independencia de una nación americana, compra un lote de libros en inglés y cuatro esclavos para su servicio doméstico, comienza a pensar en la emancipación de los movimientos del Perú y de la Nueva Granada. Pensacola es el mástil para una gran bandera.11

En La Habana encuentra gran cantidad de correspondencia que Mantuanos de Caracas le dirigen pues ya es conocido como hombre de prestigio, militar en quien se puede confiar, pidiéndole el comando de una sublevación contra las autoridades españolas.

El 9 de agosto de 1781, Miranda recibe una misión que le encomienda su jefe el General Cagigal para estudiar las instalaciones militares de los ingleses en la isla de Jamaica y consistió en hacerlo viajar como Comisionado español, para negociar un canje de prisioneros, pues en La Habana habían muchos ingleses detenidos y cuya manutención costaba a la Real Hacienda mucho dinero y en Jamaica pagaban penas muchos españoles cuya libertad interesaba.

Cagigal informó a sus superiores que Miranda tenía las habilidades y el conocimiento, para adelantar la doble misión, celo del Real servicio, posesión de idiomas y podría con algún auxilio, adquirir las informaciones necesarias.12

Miranda se trasladó vía Batanabó y llegó a Jamaica el 20 de septiembre de 1781 situándose en Kingston y desde luego su presencia generó entre los ingleses desconfianza, lo que obstaculizó en principio las conversaciones, pero después de oídas las propuestas y debatidas, se llegó a la firma de un convenio el 18 de noviembre para el canje de prisioneros de ambos lados y de igual rango.

Miranda, además de llevar adelante su misión, aprovecha para comprar libros en la isla y entre ellos se lleva consigo más de doscientos volúmenes de los cuales destacamos las Constituciones de la Francmasonería y las Ilustraciones de la masonería.13

Una vez en Cuba, escribió al Capitán General dando cuenta de su misión el 13 de diciembre de 1781 donde dice “ …traigo noticia exacta de las escuadras enemigas que existen en aquella isla, de las que próximamente se esperan de Europa, del número de tropas veteranas que hay en el día y de su milicia, etc…Planos topográficos del país, que son bastante exactos y podré, con los auxilios que traigo, perfeccionar después…Tres embarcaciones ligeras y de superior vela, que son excelentes para avisos y aún para muy buenos corsarios, con varias cosas y negociaciones ventajosas que no puedo fiar a la pluma y que a la vista comunicaré a V. E.14

Miranda a la fecha, no estaba enterado que el Tribunal Inquisitorial de Sevilla, remitió contra él, al Consejo de la Suprema Inquisición de Madrid, una Sumaria de 155 hojas, por delitos de proposiciones, retención de libros prohibidos y pinturas obscenas, el 11 de noviembre de 1778.

En el ambiente de tiempo y lugar que había vivido Miranda, no se toleraba disentir de la Inquisición y compartir ideas que ella condenaba. Parece seguro que en esa dirección, debe buscarse la razón del enojo inquisitorial contra Miranda, enojo que el mecanismo político y policial del sistema vigente tenía que secundar.15

El Consejo de la Suprema Inquisición, en cercana relación con la Corte, pudo enterarse de la presencia de Miranda en Cuba y de su actividad en Pensacola y dejó constancia de la necesidad de lograr la captura del caraqueño y su traslado a España y ejecutar una sentencia en su contra.

Gálvez busca un pretexto para lograr eso y aduce que cuando el General Campbell visitó La Habana, Miranda le dejó observar las fortificaciones de la Plaza. El Rey se entera y ordena que Miranda sea separado del servicio y que sea remitido en el primer navío que zarpe con rumbo a España y Gálvez en nota de fecha 2 de noviembre de 1781, se lo hace saber a Cagigal.

El Supremo Consejo Inquisitorial dictó sentencia el 5 de febrero de 1782 y en ella dispuso que el Capitán Miranda “Fuese preso con embargo de bienes, se le siguiese causa definitiva y al tiempo de su prisión se reconocieran las pinturas, libros y papeles que tuviese, recogiéndose los prohibidos.

Se presentaron problemas de orden procedimental que enredaron el suceso y pusieron en más problemas a Miranda, Gálvez y Cagigal y si la situación se estudia en su conjunto, es evidente la influencia, en esas medidas, de la decisión del Tribunal Inquisitorial. Resulta absurdo que por publicaciones hechas en periódicos del “enemigo”, se castigara a un oficial separándolo de su cargo con absoluto silencio; era igualmente absurdo castigar a quien realizó, con éxito, una misión secreta de tanta importancia, atribuyéndole un delito sin esperar pruebas ni permitir que se defendiese y por último resultaba incomprensible que primero se ordenase el envío inmediato del presunto reo a España y luego su detención y aislamiento en una prisión local.16

Ante esta situación tan peligrosa como difícil, Cagigal, su amigo, superior y Hermano Masón, le dio todo su apoyo permanentemente.

Miranda pasa a la orden del Comandante del Ejército y deja de estarlo de Cagigal y por ello no podría él remitirlo a España. Además, las leyes reales bien decían que “no debe un inocente vasallo sufrir por falsos informes” y falsos eran los que se habían hecho contra Miranda. Cagigal defiende a su amigo y Hermano y escribe al Ministro…” Nadie sería inocente si bastase la acusación para no serlo y mucho menos en estos países, donde sabe Vuestra Excelencia con práctica y conocimiento, cuanto influye la dominación y la curiosidad para penetrar los más secretos arcanos sin perdonar por ello los medios más reprobados.”…

Era una carta noble, valiente, propia de un honesto hombre de bien. Está fechada en 5 de marzo de 1782, contesta la Real orden del 2 de noviembre de 1781 y se refiere a la del 16 del mismo mes. Se observa en ella no solamente el respeto por el subalterno sino la explicación de los conocimientos de ese subalterno, que le permiten entender situaciones con facilidad e inteligencia, así como con la “posesión de libros maestros con que los mismos extranjeros instruyen a sus Generales”.

En circunstancias normales se hubiera debido dar el efecto que Cagigal esperaba, es decir, la revisión del caso por el Rey.

En espera de esa revisión, Cagigal resuelve acompañado de Miranda, atacar las Bahamas y sale el 22 de abril de 1782 y con apoyo de barcos norteamericanos provenientes de la Florida, logra en una capitulación firmada el 8 de mayo de 1782 y negociada por Miranda, la entrega para España de todas las islas Bahamas y desde allí Cagigal envía a Gálvez un informe detallado de la operación que lleva el mismo Miranda.

Con 32 años Miranda recibe una recomendación de Cagigal sobre el desempeño y eficiencia de su actuación en las Bahamas para que sea ascendido al grado de Coronel.

Gálvez, instalado en Guarico preparaba la acción conjunta de las flotas francesa y española para atacar a Jamaica y someterla a España. Nadie mejor que Miranda para colaborar en esta empresa, pues se había especializado en el estudio y dibujo de planos. Además había estado recientemente en Jamaica y había elaborado sus propios planos y estudios sobre las fortificaciones, ello representaba una ayuda inapreciable para don Bernardo y decide transferir a Miranda a su propio servicio y nombrarlo su Edecán.

El ambiente que encontró Miranda fue muy extraño. Estaban corriendo rumores tan graves, que temía que lo metieran en un calabozo y se entera por un anónimo, que Gálvez tiene órdenes de detenerlo y enviarlo a La Habana. Tiene en Guarico una nueva amante Genevieve. El Abate Roland dice a Miranda que nunca hubiera creído que esa mujer “pudiese amar a Vuestra Merced con el extremo que manifiesta”. Otra nota sin firma aduce que Miranda “la sedujo en tan poco tiempo, ella llora lo increíble y hace extremos que me aturden…” Ella explicará que “No se puede ver sufrir a los que se quieren”17

La Flota inglesa estaba bajo el mando del Almirante Samuel Hood secundado por Horacio Nelson, quien tiempo después, sería el gran héroe británico inmortalizado en la batalla de Trafalgar en octubre de 1805.

Los inconvenientes militares de la flota francesa. La acción preventiva de los ingleses y sobre todo la paz entre Inglaterra y Francia, acordada en 1783, hizo fracasar todos los planes. Pero entre tanto, Don Bernardo Gálvez en Guarico, debía seguir el trabajo encomendado y Cagigal en La Habana continuaría su actividad.

Es conveniente recordar, la diferente posición que España y Francia tuvieron durante la guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Ambos países se consideraban en guerra con Inglaterra, pero mientras Francia fue oficialmente aliada de los Estados Unidos en su lucha contra Inglaterra, España no lo era sino en tanto en cuanto lo requería su conflicto con los ingleses.

Don Bernardo habiendo recibido la Real orden del 11 de marzo de 1782, no se puede negar a ejecutarla y decide apresar a Miranda y enviarlo a Cajigal en la Fragata Nueva Diligencia. Llega Miranda a La Habana y el gobernado Cajigal no lo detiene y ordena al intendente que pague al Teniente Coronel Miranda las gratificaciones que le corresponden y el funcionario acepta hacerlo.18

Llega a La Habana el inventario de muebles de Miranda que va unido al de sus libros, esas listas permiten observar claramente cuál era el estilo de vida de Miranda y cuales sus aficiones, algo poco revelado por sus biógrafos y que le permiten al lector darse cuenta de la cultura de este personaje. “No poseía el moblaje de una casa sino más bien el de un aposento más o menos amplio, dotado de muebles como canapé, (cama con mosquitero), sillas, tocador, dos mesas, cortinas, escribanía, vajilla, algo de cristalería, cubiertos, un baúl, alfombra, candelabros, brasero, briseras, papelera, un armario para libros, dos flautas y dos pianos forte, uno de labor exquisita, embutidos, etc…y otro de Londres, nueva invención, elegante construcción y exquisita moldura. El primero debe haber sido el traído de Jamaica y ya mencionado. Poseía una colección de partituras musicales para flauta y algunas para flauta y violín. A todo se unían sus libros.

Se trataba por lo tanto de una persona que vivía con comodidad y hasta elegancia, con muebles finos, servicio de plata, dos pianos, sus flautas y libros. ¿Qué libros? Un conjunto de 544 volúmenes de los cuales parte era adquirido en Jamaica y Pensacola y otros venidos de Europa y otros quizás comprados en La Habana.19

Cagigal es sustituido por don Luis de Unzaga y Miranda pide al nuevo Gobernador que levante un testimonial sobre los hechos sucedidos con motivo de la visita a La Habana del General Campbell en 1781. 18 testigos declaran sobre la ausencia de Miranda durante esa visita y su inocencia en el caso.

Pero la orden Real debe cumplirse. Cagigal debe marchar a España y llevar consigo a Miranda, pero antes de partir ambos enfrentan una nueva humillación, pues se presenta en La Habana don Juan Antonio Uruñuela Aransay, entonces Regente de la Real Audiencia de Guatemala, para residenciar a Cagigal y a Miranda. Ambos fueron después condenados a pérdida de empleos, multados y a no poder servir al Rey.20

El barco que les llevaba a España debe regresar por quedar averiado por un vendaval y Miranda pide permiso para viajar al campo por unos días, lo cual se le concede, pero decide no regresar a La Habana y escapa tomando un navío que lo llevaría de nuevo a Europa y se embarca no desde la capital sino desde las provincias angloamericanas del norte.

Una vez pisa suelo europeo, pide al Rey un salvoconducto para ingresar a España “A vindicar mi honor en un consejo de guerra de hombres imparciales, exigiendo allí reparación formal de mis agravios”21

Ese viaje le permitió a Miranda otros objetivos, le escribe a Cagigal que después de terminada la guerra deseaba visitar otros países para obtener la experiencia y conocimiento que el hombre adquiere visitando y examinando personalmente, con inteligencia prolija, el gran libro del universo: “Las sociedades más sabias y virtuosas que lo componen, sus leyes, gobierno, agricultura, policía, comercio, arte militar, navegación, ciencias, artes, etc.”…

Tenía la seguridad que de esta manera, iba a lograr el designio de “perfeccionar” su incompleta educación. Añadió que, desde sus más tiernos años, cultivó con esmero los principales idiomas de la Europa, labor a la que se dedicó como si fuese una profesión. Según sus estimaciones eran necesarios al menos cuatro años para ejecutar semejantes planes.22

Demuestra con lo anterior Miranda, que sentía la necesidad de actuar en un amplio escenario y quería estar preparado en todo sentido.

A Cagigal le agradó la idea y decidió apoyarlo, no solo respaldándolo ante la Corona en el compromiso de responder por su persona, sino además, con una oportuna protección que facilitó su escapatoria. Cagigal le dice a Miranda “Siga usted enhorabuena el plan de su idea” y le ruega que, hasta no recibir noticias suyas desde Madrid, “No ha de variar sus promesas en un punto”. El procuraría que el Rey, informado mejor de los servicios y carácter de la persona de vuestra merced, logre mayores satisfacciones. Entonces “podrán sus amigos verle en nuestro país y yo satisfacer el cariño paternal con que siempre he mirado a su persona”.23

Conviene mencionar que tuvo que haber habido entre los dos un convenio privado adicional, pues una vez Miranda en Filadelfia, en las circunstancias que después vamos a mencionar, escribe a Cagigal que se encuentra ante la vergüenza de no poder vindicarse “sino rompiendo el secreto que a usted tengo prometido bajo mi honor, ínterin que reciba sus avisos de la Corte”.24

Cagigal en cuenta del plan de fuga y decidido a ayudarlo, escribió y entregó a Miranda cartas de presentación para George Washington, el Ministro español en Filadelfia, don Francisco Rendón y el gobernador de North Carolina, Mr. Benjamín Guerard. 25

A LA BÚSQUEDA DE LA LIBERTAD.

Un norteamericano, Mr. James Seagrove, cuya presencia en La Habana parece originada en negocios, organizó la escapatoria de Miranda. Lo afirma el mismo Miranda, en nota estampada en su Diario, para quejarse de la conducta del capitán del barco que lo llevaba hacia Carolina del Norte y este mismo señor, le enviaba constantemente información de los movimientos de las tropas de Washington, las relaciones de la marina española con la británica y francesa y otros temas, además Seagrove le dio cartas de recomendación para personalidades en Charlestown.

Por fin, el día siguiente, 1 de junio, a las 9 de la mañana, zarpó Miranda en la balandra La Prudente, escogida por Seagrove. El derrotero seguido por La Prudente, fue rumbo hacia Matanzas y luego por el canal de las Bahamas. Al día siguiente se pudo ver tierra y a las cinco de la tarde del día 10 de julio de 1783, Miranda bajó a tierra. Iniciaba un viaje que terminaría el 15 de diciembre de 1784 al partir, a las cuatro de la tarde, desde Boston para Inglaterra.

Fueron diecisiete meses y cinco días de una actividad intensa, que mucho le sirvió para sus propósitos de querer formarse como un hombre sólido y de provecho.

Su trayecto siguió la costa Este de los Estados Unidos, desde New Bern hasta Boston. Entre junio y diciembre de 1783 visitó Beaufort, Wilmington, Charleston, y Filadelfia. De enero a diciembre de 1784, New York, West Point, Albany, New Haven, Wethersfiel, Hartford, Midletown, New London, New Port, Providence, Salem, Portsmouth, Newburyport y Boston.

Cuando desembarcó en costas norteamericanas, este personaje tenía 33 años y en estado de soltería, su grado de Teniente Coronel del Ejército de Su Majestad Católica. Además del español dominaba el inglés y el francés, sabía bastante latín y algo de griego. Sus lecturas lo habían formado como un hombre culto, sobre lo cual ya nos referimos anteriormente.

Miranda llegó a los Estados Unidos en un momento singular, acababa de terminar la guerra con Inglaterra y después de las negociaciones que dieron fin a las hostilidades, se firma el Tratado de París el 3 de septiembre de 1783, que aseguró la paz y la tranquilidad necesarias para que la gente pudiese dedicarse a sus actividades habituales y las tropas británicas regresaran a Inglaterra y mucho fueron los soldados y oficiales británicos que se quedaron allí a título privado y se comenzó la construcción de esa gran nación.

Al encontrar Miranda un país en paz, tuvo idéntica suerte que la que encontrara en Turquía, Rusia y Suecia y poder pasear por todo el continente europeo sin problemas. Escribe en su Diario que las ciudades que más le gustaron de los Estados Unidos fueron Boston, New York y Filadelfia, ciudades desde donde se desplaza a pueblos vecinos, estudia cada cosa que ve, el puerto y la cantidad de muelles, los edificios, las escuelas y los cementerios, los bancos y otras instalaciones que despiertan su interés.

Es de notar las observaciones de Miranda sobre las instalaciones y defensas militares que va haciendo en su Diario y que encuentra en cada ciudad que visita. Sin una previa y cuidadosa formación militar no le hubiese sido posible apreciar debidamente cuestiones relativas a estrategia, táctica y uso de armamento.

Sus notas consignan datos acerca de la forma como se desarrolló la guerra de Independencia norteamericana. No era posible anotar comentarios, como los que hizo sin haber estudiado atentamente la evolución de dicha guerra.

Interesa el testimonio dado en ese sentido por el presidente John Adams, que no fue amigo ni admirador de Miranda y sin embargo manifestó “Es una opinión generalizada que en los Estados Unidos nadie conoce mejor o más que Miranda, las familias, grupos y relaciones del país y que ningún oficial de nuestro ejército, ni ningún hombre de Estado de nuestros Consejos, conoce mejor o más que él de ninguna campaña, sitio, batalla o refriega que se haya dado durante toda la guerra”26

La importancia para Miranda, de su viaje por los Estados Unidos, más que en la admiración de las bellezas naturales, el estudio de edificaciones civiles y fortificaciones militares, o en el análisis de distintas zonas, está en la relación humana que pudo obtener. Estaba como civil y no lo precedía su grado militar, tan solo unas cuantas cartas de presentación y sólo estaba allí bajo la condición de un simple ciudadano. Tiene que mostrar habilidad en el trato con los demás, comprensión del estado de cada quien y respeto por sus posiciones. No le era posible imponerse sino hacer patente su capacidad de relación para ser admitido, tolerado y querido y así alcanzar admiración y respeto.

En New York se relaciona con la familia Livingston, una de las más prominentes, venida de Escocia y asentada allí desde 1654 con gran influencia política y sobre la comunidad y con una enorme posesión de tierras. Corteja a una de las hijas de Peter llamada Susan que para entonces tenía 30 años.

De New York parte hacia Boston y Susan le escribe constantemente cartas expresándole su afecto y su deseo de volver a verlo. Estas reposan en el archivo del General Miranda. Miranda no se limita a distraerse en compañías femeninas. Le era importante conocer y relacionarse con gente de valía y su forma de ser le permite alcanzar ese objetivo.

La persona de más alta categoría de esas relaciones, es George Washington. Lo conoce en Filadelfia, cuando Washington venía de recibir el control militar de New York al terminar la guerra y hace al respecto anotaciones en su Diario que no es del caso mencionar aquí por lo extensas.

La carta de presentación de Cagigal abre las puertas a Miranda. El General Washington le contesta, con el protocolo del tiempo y hace llegar su tarjeta a la residencia de Miranda. La reacción cortés e incluso amistosa de Washington hacia Miranda era lógica, pues Miranda acompañaba a Francisco Rendón, representante de España en Filadelfia y persona que por tal razón era acreedora a la cortesía oficial y además, don Juan Manuel de Cagigal, como jefe de parte de las tropas españolas que habían actuado en Pensacola, es merecedor del aprecio de Washington.

Poco después de Pensacola, en 1783, España recuperó la Florida y la hizo depender de la Capitanía General de Cuba. En 1785, varió el criterio y resolvió anexar el gobierno de Florida al de Louisiana y separarlo del de Cuba. Florida quedó de esa manera bajo el mando del gobernador de Louisiana, don Bernardo Gálvez quien poco después fue nombrado Virrey de México. Entre tanto Cagigal fue ascendido a Teniente general y conservó su posición en La Habana.27

La carta de Cagigal para Washington es significativa. Lo denomina El Fabio de estos tiempos”, alusión al prominente Quintus Favius Maximus Verrucosus, cinco veces Cónsul, dos veces Censor, Dictador y comandante del ejército romano durante la segunda guerra púnica, vencedor de Aníbal y muerto el año 2003 a. C. Llamar Fabio a Washington, era frecuente desde que lo hizo Alexander Hamilton.28

Muchas otras personalidades norteamericanas conoció y trató Miranda durante su estada en los estados Unidos de Norteamérica como por ejemplo el General Henry Knox, el juez Adeanus Burck, Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Carolina del Sur y el Fiscal General, el General Moultrie, ambos miembros de la “Orden de Cincinnati”, fue toda una escuela de relaciones públicas lo que representó para Miranda su travesía por los Estados de la Unión. También visitó universidades y bibliotecas como la de New Port, el Colegio de Princeton, el Colegio de Yale, el Colegio de Cambridge y otros más fueron de mucho interés para él y su trato con los rectores de estas instituciones con los que compartió e intercambió aspectos referentes a la educación en Caracas, México y Nueva España.

Pero el tiempo de Miranda en Estados Unidos se iba agotando y después de ciertas intrigas y traiciones por parte de su anfitrión el señor Rendón y de don Joaquín de la Quintana quien en carta le informa al Ministro José Gálvez el 12 de enero de 1784 de la presencia en Filadelfia del Coronel Miranda y Rendón escribir al Conde de Floridablanca don José Moñino para prevenir cualquier retaliación en su contra, hacen que el Conde escriba de inmediato al Ministro español en Londres para que estuviese atento a las “depravadas intenciones” de Miranda.29

El 15 de diciembre de 1784, a las cinco de la tarde, la fragata mercante Neptuno, de 250 toneladas, zarpó de Boston rumbo a Londres. Entre sus pocos pasajeros iba Francisco de Miranda. Su ocupación principal en medio de la tranquilidad que mostró, fue leer. Lee la historia de la República Romana, de Ferguson, se entusiasma con Hume y comienza leer History of Charles V de William Robertson.

Cuando llega a las costas inglesas y remonta el Támesis se asombra con dos novedades, las horcas con restos de piratas y los arsenales de la Armada con decenas de navíos y el 10 de febrero de 1785 desembarca y llega a Londres, ciudad que produce en Miranda un efecto extraordinario pues la catalogaba diferente a Madrid, New York, Caracas, La Habana o Washington.

Se relaciona de inmediato con la sociedad inglesa ignorando la traición de Rendón y le escribe contándole de su llegada a Londres y dentro de sus relaciones, le cuenta la que hace con el Marqués del Campo (Ministro de España en Inglaterra), quien le da noticias amplias a Floridablanca de sus vigilancias sobre Miranda. Estaba siendo víctima sin saberlo de una conspiración en su contra. La correspondencia cruzada entre el Ministro Español y el Conde de Floridablanca describe todo el campo de acción de Miranda. “Ocupa un alojamiento en la calle del Palacio y tiene dos criados, viviendo al parecer con un cierto ensanche, sin petardear hasta ahora a nadie aunque no se sabe de dónde le vienen las asistencias”. “Trata ya en Londres a muchas personas de todas clases, así inglesas como de otras naciones y con nadie hace misterio de quien es”. “Parece que su padre, establecido en Caracas, es hombre de hacienda”. “Habla del Rey con el mayor respeto y ternura y muestra desear las prosperidades de la Monarquía”30

“Es cierto que le tratan muchos sujetos principales y personas a la verdad sospechosas, como generales, marinos, ingenieros, pero también es verdad que, con el mismo afán, corre tras los sabios, los artífices y cuánto hay de curioso en todas las clases sin hacer misterio de lo uno ni de lo otro”. “Tiene dos amanuenses y él escribe bastante”

…Y así un sin número de informes sobre todos y cada uno de los pasos que Miranda daba en Londres eran enviados por el Marqués del Campo al Conde de Floridablanca, sin que el Coronel se percatase de que era observado y seguido a diario. Floridablanca a la orden de Gálvez añade otra, la de aparentar ante Miranda trato amable, pero “preparar algunos pasos”

La vigilancia sobre Miranda se intensifica entonces hasta el extremo que los esbirros del diplomático español, casi no lo pierden de vista ni de día ni de noche. El Marqués del Campo no sabe exactamente qué hacer pero parece orientado a lograr una finalidad muy particular como era la de tratar de convencer a Miranda de que se fuese de Inglaterra y pasara al Continente.

Floridablanca se entusiasma con el proyecto del Marqués del Campo e incluso lo somete al Rey. “Deja S.M.- al celo y cuidado de usted este asunto hasta sacarle de ahí a ese hombre en los mejores términos que sea posible”31 Los medios indirectos de Floridablanca consistían en gestionar ante el gobierno francés la detención de Miranda apenas entrase a su territorio. Para lograrlo, se comunica con su agente en París, Ignacio de Heredia. Este estaba listo para todo. Trata con el Conde de Vergenne32 y obtiene la colaboración necesaria. Del Campo fue informado. Miranda sería arrestado en cualquier plaza de Flandes a donde entrara y sus papeles y planos decomisados para ser remitidos a Madrid.33

Por una simple casualidad, Miranda no solamente decidió no pasar por Francia, sino ir directamente a Prusia y además, un problema de espacio en el coche donde viajaba lo obligó a no llevar consigo el cofre de sus papeles y mapas, que tanto interesaban al Marqués del Campo, sino dejarlo confiado a un amigo inglés, a cuya casa el Marqués no podría entrar. Sin saberlo, Miranda se salvó de la prisión que se le tenía preparada.34

El 10 de agosto de 1785 Miranda partió de Londres a donde regresará el 18 de junio de 1789 y poco tiempo después le escribe al Conde de Floridablanca describiéndole el trayecto en líneas generales. Saliendo de Londres pasó a Sajonia, Bohemia, Austria, Hungría, etc…, Después bajó a Italia y luego a Bríndisi a Ragusa, a la antigua Grecia, al Peloponeso, sus islas, a Egipto, Asia Menor y Constantinopla, atravesando el Mar Negro desembarcó en Otchacov y después a Kherson, donde su Alteza Real el Príncipe de Potemkin, Feld Mariscal, lo invita a la Táurida y después a Kiev, donde es presentado a Su Majestad Imperial Catalina II quien lo acoge con excepcional benevolencia honrándolo con muchas distinciones. Pasó luego a la Corte del Rey Estanislao Augusto de Polonia y después siguió sus viajes por el interior de las Rusias a Moscú, Nóvgorod, Finlandia, Laponia y después a San Petersburgo donde residenció por algún tiempo. Atravesó el Báltico y llegó a Estocolmo, luego en Noruega, Dinamarca, Holstein, Lubeck, Hamburgo, Bremen, luego Holanda y las fértiles provincias que bañan el Rin, para entrar luego a los cantones Suizos y luego pasó a Francia, dejando a Versalles bastante convulsionado. En España reina Carlos III hasta su muerte, ocurrida en 1788 y es sucedido por Carlos IV. La expulsión de los jesuitas de todo el Imperio Español, decretada en 1767, los dispersa hacia los países adversarios de España. Miranda en muchas partes, encontrará y tratará ex jesuitas y verá sus antiguas residencias e iglesias. Los exjesuitas ocuparán un puesto importante en cualquier consideración de la vida de Miranda. Gustavo III de Suecia, creyó que el mismo Miranda era un jesuita. La obra del jesuita don Pablo de Viscardo y Guzmán, Lettre aux espagnols – américains, será pieza fundamental en la propaganda de Miranda y de sus ideas. El presidente John Adams vió como jesuitas a quienes firmaron con Miranda la llamada Acta de París.

En una carta dirigida desde Londres al doctor William Thompson y al enviarle varios de esos libros relativos a los jesuitas, Miranda comentará: “Los jesuitas han dado más a Sur América que ningún otro grupo de hombres y de Órdenes religiosas que han ido a ese Continente”.

El centro de este viaje de Miranda hay que ubicarlo en Rusia, donde reinaba Catalina La Grande, Emperatriz desde 1762, princesa alemana de nacimiento con formación intelectual influida por la cultura francesa y para la fecha de la llegada de Miranda ella frisaba los 54 años y en la plenitud de su poderío político y militar.

Como ya dijimos, el Príncipe Potemkin lo introduce en la Corte y es presentado a Catalina en Kiev a donde llegaron el 7 de febrero de 1787 y el día 13 es presentado a la Emperatriz, cuando ella asiste a una solemne misa del rito ortodoxo y se inicia así el trato de Miranda con Catalina que dará origen a espléndidas fantasías, pero al día siguiente de este primer encuentro, Miranda es presentado de forma protocolar por el Príncipe Potemkin. También en esa ocasión es presentado al general Mamonov, entonces favorito de Catalina. El tema americano la seducía, así como obtener información acerca de los sistemas inquisitoriales de España.35 Recibe de Catalina los más grandes elogios por su ilustración y cultura. Se vuelven a encontrar en varias cenas y reuniones de personalidades, ella siempre le interroga sobre diferentes temas de su interés y vuelven a verse varias veces más, tratándole la Emperatriz con cariño como lo manifiesta Miranda en su Diario.

Lo privilegia con invitaciones a los más importantes actos, a cacerías y paseos y le manifiesta su deseo de que permanezca en Rusia, pero Miranda dice que debe seguir su viaje y que debe abandonar la Corte Imperial a lo que Catalina antes de iniciar un viaje a Crimea, firma órdenes para los embajadores rusos indicando que deben proteger a Miranda.

Este se atrevió a pedir a Catalina 10.000 rublos para su seguridad y la conclusión de sus viajes. No hubo en ello mayor problema. Un “Ucase” de Catalina dispuso además que como el señor Conde Miranda, Coronel de los ejército españoles, se dirigía a San Petersburgo vía Moscú, “todas las autoridades competentes debían proveerle de caballos”.

El 1 de mayo de 1787 partió hacia Moscú donde llegó doce días después y se queda por un mes. El embajador de Austria comenta a su Canciller: “Cuando nos preparábamos para partir hacia Kiev, el Conde Miranda decidió visitar Moscú y Petersburgo…En Moscú, el llamado Conde Miranda, ha sido muy bien recibido…”

De Moscú partió para San Petersburgo el 12 de junio y el Gran Duque lo recibe, Francisco queda maravillado con la ciudad, con la Academia de Ciencias, con la estatua ecuestre de Pedro el Grande, sus museos, sus mujeres…El Embajador de España, don Pedro Normández, había recibido instrucciones de su gobierno de observar y tratar a Miranda con precaución.36 Pero tenía que viajar por cuatro meses y dejó encargado a su segundo el señor Macanaz quien fungía como encargado de negocios y logró imprudentemente crear una situación que fue catalogada por el Embajador como “desabrimiento entre las dos Cortes”.

Venía Miranda haciéndose llamar Conde de Miranda y Coronel de los Ejércitos Españoles. No era Conde ni tenía ningún título nobiliario. Tampoco su grado oficial era el de Coronel sino el de teniente Coronel.37

El asunto carecía de importancia y no daba ocasión a problemas de ninguna índole hasta que el Encargado de negocios de España, queriendo en alguna forma frenar a Miranda se sintió en la necesidad de exigirle los instrumentos que lo acreditaban como tal Conde y Coronel y le daban derecho a usar uniforme.38

A tal requerimiento que ponía a Miranda en una situación embarazosa ante la Corte, este respondió de la siguiente manera: “No me faltarían medios con qué satisfacer la incredulidad y vanidad de usted si el modo en que lo solicita por su carta de ayer fuese más propio o decente…la amenaza con que Vmd. Concluye es tan ridícula como grosero y despreciable el lenguaje…que solo puede usar Vmd. Con los que tengan la desgracia de ser sus inferiores…

Catalina ya de vuelta en Petersburgo e informada de lo sucedido, respondió que si Miranda era peligroso para España, en ninguna parte estaría mejor que en Rusia, pues por estar tan lejos, se anulaba ese peligro. Añadió que su aprecio personal por Miranda no se radicaba en el posible rango que él tuviese en España sino en sus cualidades personales que ella conocía y le habían hecho acreedor a su estima y protección.

Todo salió mal para el diplomático, Miranda no fue molestado y la amistad de la Emperatriz se hizo más patente. En cada ocasión que podía, Catalina hacía manifiesto su afecto por Miranda y lo autorizó a usar el uniforme de Coronel ruso, ordenó que se le dieran cartas muy expresivas y de fuerte recomendación para todos sus ministros en países extranjeros y le prestasen auxilio. Dispuso que de volver Miranda a Rusia se le daría “un Acomodo ventajoso” y se aprestó a recibirlo el 8 de agosto, para que le besara la mano en señal de despedida.

Fue una comida privada, después de la cual Catalina le mostró obras de arte y joyas del palacio. Ordenó como medidas finales, expedir a Miranda un pasaporte que le permitiese recibir toda clase de ayuda y benevolencia y que se le facilitara abundante dinero para sus gastos. Miranda permaneció en San Petersburgo hasta mediados de agosto de 1787 cuando resolvió irse a Suecia. Hasta su salida siguió usando su uniforme de Coronel español cada vez que lo consideró oportuno.

Miranda quizás sin saberlo había jugado una carta con excelentes resultados en la Corte de Catalina, era la de presentarse como víctima y perseguido de la inquisición. Así atraía sobre sí, la simpatía de las mentes liberales.

Entre tanto Floridablanca citaba al Ministro ruso en Madrid para solicitarle que de modo confidencial se les solicitara a los Ministros de Su Majestad Imperial se “dignaran negarle su apoyo a Miranda”. Pero las recomendaciones imperiales rusas le llevarían a las Cortes de Suecia y Dinamarca y a contactarse con personalidades del gobierno, los negocios y la cultura.

Su Diario de viajes es extraordinario, nos detalla cuanto país visitó y lo que le llamó la atención, aparece como un viajero curioso que mira, compara, mide, valora, aprecia, rechaza, critica, aprueba…En el prólogo de los Diarios de Miranda: Una página del gran libro del Universo Miguel Castillo Didier apunta: “…Mucho, muchísimo nos falta por conocer de la personalidad del Precursor, el más universal de los hijos de caracas y de América. Como la ha destacado José Luis Salcedo Bastardo, Venezuela y Latinoamérica están en deuda con aquel que, el primero, concibió la libertad y la unidad de los países hispanoamericanos y entregó a esa causa su vida, siendo precursor, apóstol, héroe y mártir de la independencia americana. Aún no lo conocemos bien, no hemos aquilatado en todas sus dimensiones su aporte a esa y otras causas que siguen teniendo hoy completa vigencia. Miranda luchó por la libertad del hombre: primero en estados Unidos, luego en Francia, después en Venezuela; propició la emancipación y un destino común para las naciones hermanas de Latinoamérica; alzó por doquier su palabra en defensa de los derechos Humanos, desde la época en que recorrió las diversas latitudes europeas, hasta los tristes tiempos de su injusta prisión final; hizo oír su voz condenatoria contra la práctica de la tortura, la inhumanidad de los regímenes carcelarios, las arbitrariedades y la falta de garantías judiciales; en plena Revolución Francesa denunció la inconsecuencia de negar a la mujer los derechos cívicos; se opuso a las conquistas como incompatibles con el espíritu libertario y así lo expresó a los franceses con serena firmeza; se enfrentó al Directorio y a Napoleón, condenando el saqueo de los tesoros artísticos de Italia y otros pueblos; la instrucción popular fue una de sus preocupaciones más constantes. En fin, no es posible señalar una causa noble que no haya contado con su amplio y leal apoyo”…39

Pero volvamos a sus viajes y a lo que más le impactó a manera de ejemplo y citaremos aquí el caso de las bibliotecas. La conducta de Miranda es especial. En cada lugar visitado, pedía noticia de las bibliotecas existentes para luego examinarlas. Llegó a visitar 34 bibliotecas principales, unas públicas, otras particulares, en Conventos, palacios y residencias privadas que, en conjunto tenían dos millones ciento treinta y tres mil volúmenes.40

En cada biblioteca se informaba del número de libros que poseía, su grado de conservación y cuidado, el tipo de obras reunidas, la calidad de las mismas y el uso que se hacía de ellas. Solamente una o dos veces, no le fue permitida la entrada a ciertas bibliotecas, lo que le produjo un alto grado de indignación.

Son muchos los apuntes que en sus diarios de viajes tiene sobre las bibliotecas y solo registramos lo anterior para que el lector de este escrito, tenga una visión de lo que importaba para Miranda estas cosas que le eran tan caras a su espíritu y a su intelecto.

CONTINÚA LA PERSECUSIÓN

Pero si bien estas cosas las disfrutaba Miranda en cada país, ciudad, pueblo o Convento, también es cierto que la persecución contra él no cejaba y que el Marqués del Campo persistía en obtener de alguna manera su reivindicación con Floridablanca y mantenía constantemente comunicación con todos los encargados de negocios españoles en otros países y con sus pares, para primero impedir que Miranda se enterara de lo que él fraguaba en su contra y para que se le pudiese capturar.

Tan eficaz fue su organización, que cuando Miranda, al regresar a Londres, era junio 1789 y escribió a Floridablanca contándole los detalles de su viaje por Europa, le dijo que había logrado sus objetivos gracias en parte a la asistencia de los Ministros de España en esos parajes. Tales señores, mientras aparentaban atender a Miranda, daban noticia de su paso a Madrid y a Londres.

La esperanza más firme de del Campo, era que Miranda realmente entrase a París. Tenía otra carta que proyectaba jugar, pues enterado que Penman el amigo inglés de Miranda a quien había confiado su cofre con los mapas y documentos, prestó cierta suma de dinero a Miranda, este consideró pagarla y con el recibo de la misma, lograr la prisión por deudas de Miranda apenas regresara a Londres y extraditarlo. Le salva el Embajador ruso que demuestra que Miranda está adscrito a la Embajada de Rusia. Le ofrece un banquete el Lord Mayor de Londres (Alcalde) y traba amistad con personalidades británicas de alta significación y poder, muchos de ellos masones. Sabe exactamente a dónde se dirige.

Del Campo es informado de todo movimiento de Miranda en cada país al que visita por los Ministros españoles y este a su vez enviaba la información a Madrid, entre tanto Francisco escribe durante varios días una carta para el Conde de Floridablanca. Es una extensa explicación detallada de su viaje y de dos hechos infortunados con representantes españoles.

Era clara la insidia. Nada sabía del Campo, nada conocía sobre el caso, creía que se estaba arreglando…Mientras tanto seguía “madurando alguna otra alternativa”

Del Campo aspira al buen término del asunto para que “vuelva a entrar en el rebaño de nuestro Soberano esta oveja descarriada” y evitar que entre al servicio de otra potencia.

Concluye diciendo: “Tengo pintado su carácter, imaginación exaltada. Sus luces y conocimientos más que medianos, fervor y vehemencia en su expresión y sobre todo una actividad extraordinaria; con tal conjunto de cualidades si este joven llegara a verse exasperado y reducido a abrazar el partido de servicio extranjero, creo que preferiría siempre lo que sea acción, movimiento y singularidad a seguir una vida quieta e indiferente”41

Floridablanca le responde con rudeza: “No obstante lo que VE., ha escrito a favor de Miranda de resultas de lo que VE. Ha observado y tratado desde su regreso a esa Corte, No es posible que el Rey tenga esa confianza en este sujeto y debe VE., caminar bajo este concepto pues aquí estamos contra él por razones muy graves”.42

Del Campo responde con cierta dignidad y dice no haber pretendido nada diferente a fijar a Miranda en destino donde no pueda hacer daño. Floridablanca accede: El Rey ha estado en cuenta de lo que se ha escrito a favor de Miranda “pero como ese caballero está comprendido en proceso pendiente, conviene que se defienda y purifique su conducta”. Por tanto no puede Su Majestad, hacer uso de él y tomar partido.

Del Campo muestra esa nota a Miranda. Ha llegado el fi. No es posible entenderse.43

Miranda responde con una representación al Rey, enviada por intermedio de Floridablanca, a quien dice que con la carta al Rey, “Quedan terminados estos asuntos de mi parte”

Se traman y se oyen nuevas implicaciones en su contra poniéndole en la dura posición de “sacrificar todo…y lo que es más, la dulce compañía de mis padres y deudos para escoger una patria que me trate al menos con justicia y asegure la tranquilidad civil”44 Había esperado una respuesta razonable de la Corte.

Estaba sorprendido y contristado, dice del Campo y añade “Colijo que se mira ya como no dependiente en modo alguno de España”.

Efectivamente todo había terminado. Se abría para él una nueva etapa de su vida.45

SUEÑOS DE LIBERTAD

En Londres escribe muchas cartas de agradecimiento, en especial a Catalina II y a Potemkin. Estalla entre tanto la Revolución Francesa, la Bastilla es tomada el 14 de julio y entre tanto Miranda ordena sus ideas y piensa en sus experiencias en todos los países que ha recorrido y en particular revisando sus anotaciones de sus diarios de viajes observa cómo los Estados Unidos eran un ejemplo de lo que podrían ser las colonias americanas de España al ver como las gentes tenían una nueva esperanza pasada la guerra de Independencia, que se sentía un ambiente de libertad, confianza en un futuro promisorio y se iba dando la consolidación de las instituciones políticas y sociales, con una producción y optimismo, como resultado de esa nueva vida. Le explica en Londres a su amigo el ex Gobernador Thomas Pownall, la situación de esos territorios de la américa española y logra una entrevista privada con el Primer Ministro William Pitt, a quien expone durante tres horas la conveniencia de que Inglaterra apoye la Independencia Americana, luego le envía un memorial con numerosos anexos sobre la realidad de las colonias y el sistema allí vigente. Mantiene correspondencia con su amigo norteamericano el General Henry Knox, para entonces, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, mantiene conversaciones con altos dignatarios y se entrevista de nuevo con el Ministro Pitt con asistencia de Lord Greenville sobre el proyecto de emancipación y en reuniones posteriores, se analizan los problemas militares que de ello pudiesen surgir.46

Redacta Miranda un proyecto de Constitución para la América liberada y se lo presenta al Ministro Pitt. Entre tanto hay un peligro de una guerra entre Inglaterra y España, pero este se arregla mediante un Acuerdo y esto desmotiva a Miranda que escribe: “He sido vendido por un Tratado de Comercio con España”.

Va transcurriendo el tiempo y en 1791, Miranda se dedica a acentuar sus relaciones sociales en Londres, escribe al Ministro Pitt solicitándole la devolución de los documentos que él aportó y que son de gran interés para Inglaterra y pide una pensión por toda la información suministrada por él que sin duda ha servido a los ingleses para mover sus fichas en el tablero del ajedrez geopolítico de la época. El Ministro le ofrece 500 libras pero Miranda dignamente le responde que no es el dinero lo que le hace falta, que lo que importa en verdad, es la Independencia de América. Entre tanto, Miranda conoce al Embajador de Francia Talleyrand, por quien se entera de la situación de Francia en esos momentos.

En 1792, Pitt le devuelve parte de los documentos a Miranda y le envía 800 libras. Reclama Miranda la devolución de todos los documentos y reitera que lo importante es la libertad de América y que el dinero “No ha sido nunca mi objetivo”. Ha cambiado de planes y lo que le niega Inglaterra, lo ve más próximo a conseguirlo con Francia y sin pensarlo mucho, sale de Londres hacia París, llevando varias cartas de recomendación para autoridades del gobierno, para el Alcalde de París Pétion, para los Diputados a la Asamblea Brissot, Gensonné, Masenet, del partido girondino. Conoce varios Ministros pero pronto se da cuenta que Francia revolucionaria, no está en condiciones de pensar en la emancipación de América y aunque desea regresar a Londres, su destino será otro. El Alcalde Pétion le propone que se quede en Francia y que se incorpore al Ejército Revolucionario, después Francia podrá pensar en América! Acepta Miranda y recibe el grado de Mariscal de Campo y lo primero que hace es comunicárselo a la Emperatriz Catalina a través del Embajador ruso Voronzoff, pero al saberlo, Catalina se indigna y le retira su apoyo pues se siente muy ofendida.

El 6 de septiembre sale de París para incorporarse al Ejército del Norte que se encuentra bajo el mando del General Dumouriez y el 20 de septiembre se da la batalla de Valmy contra los ejércitos prusianos, que son derrotados. ¡Miranda es uno de los triunfadores de Valmy! Dumouriez lo elogia y el caraqueño es ascendido al grado de Teniente General. Para entonces Miranda es ya conocido en París por sus capacidades, cultura, conocimientos en diferentes disciplinas y por su habilidad militar, razones por las que es llamado a consultas a la capital francesa sobre una expedición a El Caribe a fin de fortalecer las posesiones de Haití y pasar luego a las posesiones españolas. Miranda contesta con la presentación del plan que le presentó a Pitt; solo que ahora quiere que actúen Francia y los Estados Unidos y no Inglaterra.

Retorna al frente de batalla y Dumouriez le confía el comando del ejército del Norte, con el cual Miranda toma la ciudad de Amberes. Es su segunda victoria. El Rey Luis XVI ha sido ya condenado a la guillotina, lo mismo que su esposa María Antonieta.

Entra el año de 1793 y Miranda asume el mando del ejército en Bélgica, se le ordena apoderarse de Maastricht y tiene allí su primer fracaso. Dumouriez decide entonces tomar el mando directo y es derrotado en la batalla de Neerwinden. Allí comienzan una serie de intrigas contra Miranda cuya resultante es el relevo del mando y se le exige que se presenta ante la Convención Nacional para ser juzgado. Miranda acusa a Dumouriez de ineptitud y de preparar traición a la República y no estaba equivocado, pues el 3 de abril Dumouriez se pasa al bando de los austriacos. Las sesiones de acusación son nueve en total y Miranda se defiende con elocuencia y argumentos concretos, siendo absuelto y sacado en hombros por el pueblo. Pide que se le paguen sus sueldos y se instala en una mansión, pero los jacobinos toman el poder con Robespier y comienza la persecución contra los girondinos y el terror en París, varios amigos de Miranda son guillotinados y a él le encierran en la prisión de La Force, donde permanece año y medio con peligro de ser guillotinado y allí conoce a Delfina Custine. Miranda emplea el tiempo en leer y en enviar inútilmente cartas a la Convención, entre tanto cae Robespier y es guillotinado a fines de julio. Exige su libertad pero no es escuchado y se le acusa ahora de ser agente del Rey de España, para el restablecimiento de los Borbones en Francia.47

En 1795 sale en libertad el 15 de enero y en los salones de la Marquesa de Custine, conoce a Fouché y a otros personajes. Le pagan parte de lo adeudado y vive con lujo y publica un escrito que titula “Opinión del General Miranda sobre la situación Actual de Francia y los Remedios Convenientes a sus Males”. A mediados del año se encuentra en los salones de París con Napoleón quien era 19 años menor que Miranda. Cree entonces Napoleón que Miranda es un espía de España y de Inglaterra y dice: “Es un Quijote que no está loco; tiene fuego sagrado en el alma”. El escrito último le acarrea problemas y enemistades y La Convención ordena su arresto, por lo que Miranda se oculta y envía comunicaciones de protesta. Lo apresan a fines de noviembre pero luego lo ponen en libertad. El Ministro de Policía, pide su expulsión de Francia, pero Miranda se oculta y vive en la clandestinidad todo el resto del año y en enero de 1796 publica su defensa en el Journal de París, no cede, combate, protesta por el allanamiento de su hogar, que ha quedado a cargo de su ama de llaves, la fiel Françoise Potier. El gobierno decide a fines de abril, no seguir persiguiéndolo y recibe la infausta noticia de la muerte de Catalina de Rusia que le causa dolor y se publican algunas noticias incipientes sobre la sublevación en Venezuela de José Leonardo Chirinos a quien condenan a muerte los españoles.48

Bajo el seudónimo de “Un suscriptor” sostiene en Le Journal de París una polémica con Sebastián Mercier, que había atacado a los filósofos y hace la defensa sobre todo de Voltaire.

…Fue tanta su lucha por la libertad, fueron tantos sus sacrificios en la Revolución Francesa, en la que llegó a mandar una fuerte columna que en su reconocimiento Napoleón I en el Decreto que ordenaba la erección del Arco del Triunfo de L´Etoile y el cual no fue terminado sino en 1836, bajo Luis Felipe, aparece el nombre de este esclarecido combatiente americano, en letras de Alto Relieve, en la cara del norte de este monumento, que los siglos y a pesar de las desventuras de Francia, aún han respetado.49

Transcurre 1797 y van llegando a París emisarios de diferentes sitios de Hispanoamérica, para recibir instrucciones conspirativas, todos pertenecientes a la masonería y Miranda celebra reuniones secretas con ellos, su permanencia en París se debe sobre todo al entendimiento revolucionario, se le persigue de nuevo y decide retornar a Londres. El 22 de diciembre los emisarios de América, en el “Acta de París”, confieren a Miranda el poder necesario para las gestiones encaminadas a lograr la Independencia de América con el apoyo de Inglaterra y de los Estados Unidos. Con debida anticipación es enviado el cubano Pedro José Caro, para preparar el ambiente en los sectores oficiales. Al año siguiente Miranda llega de nuevo a Londres, ha salido de París disfrazado. Es recibido por el Ministro Pitt de una manera muy diferente. El Miranda que ha llegado, trae el grado de general del Ejército Francés, reanudan las negociaciones y le entrega el Acta de París que le confiere la representación de América, presenta con ella numerosos documentos nuevos, informes y un proyecto para un gobierno provisional. Usa Miranda ahora este título “ Nos, don Francisco de Miranda, natural de la ciudad de Santiago de león de Caracas, Agente Principal, Comisario y Comandante General en lo militar de las provincias, Villas y Ciudades del Continente Hispanoamericano”. Su plan es continental; su conciencia es continental; su revolución es continental. Reanuda relaciones con el Embajador Voronzoff y desde Londres envía nuevos emisarios de la revolución, entre ellos a O´Higgins.

En 1799, publica la Carta a los españoles americanos, del ex jesuita peruano Juan Pablo Viscardo, muerto en Londres el año anterior. Es una página incendiaria contra España y entre tanto le traiciona el Secretario del Acta de París, Dupérou, quien vende documentos a Fouché y al Embajador de España en Viena.

Napoleón da el golpe de Estado del 18 brumario y toma el poder de Francia como Cónsul. Las consecuencias del ascenso de Napoleón perjudican gravemente los planes mirandinos; Inglaterra empezará a ocuparse solo de Francia y entre tanto su viejo amigo y mentor, el General Juan Manuel de Cajigal le escribe desde Madrid para informarle que Miranda ha sido declarado inocente y que en adelante se le considerará “un fiel vasallo de Su Majestad, El Rey” ¡16 años después! Qué ironía, cuando lleva adelantado gran parte de su trabajo en contra de los dominios de España en América. Todo esto ad portas de un nuevo siglo, donde Miranda desea retornar a Francia y entrevistarse con Napoleón, pues cree que con el apoyo de este, puede lograr la independencia de las colonias españolas en América. Toma a su servicio a la inglesa Sara Andrews, en quien tendrá más tarde dos hijos. Presiona enérgicamente ante el Ministro Pitt, sin éxito. Caro, el enviado a Londres antes del Acta de París, traiciona y delata ante la Corte de Madrid los planes de Miranda y con dificultad obtiene pasaporte para salir de Inglaterra. Llega a París el 28 de noviembre y de inmediato le informa a Fouché quien funge como Ministro de Policía, visita a sus amigos y a Delfina de Custine quien es ahora amante de Fouché.

Pero pasan tan solo cuatro meses y Fouché lo encarcela acusándole de espionaje. Se defiende aduciendo su proyecto de independencia de América, hecho que disgusta a Francia, ahora aliada de España. Se da la orden de expulsión y Miranda sale de Francia a fines de marzo hacia Holanda. Un mes más tarde arribará a Londres y encontrará que Pitt ha caído y que ha sido reemplazado por Addington. Entre tanto ha llegado a Francia, fugitivo de Venezuela por conspirar con Picornell, Gual y España, un venezolano que será eminente y recordado: Simón Rodríguez.

Las nuevas conversaciones de Miranda con el gobierno británico se hacen a través del Ministro del Gabinete Nicolás Vansittart, uno de los más importantes y fieles amigos del caraqueño en Inglaterra. Presenta Miranda, por petición del Ministro un Programa de Gobierno provisional para América, un Reglamento Militar y una Proclama “A los pueblos del continente colombiano, alias Hispanoamérica”. Remite una lista de armas, equipos, transportes, para una expedición de 15.000 hombres. Y llega a presentarle al gobierno una propuesta para una expedición que iniciaría en dos semanas. Su tenacidad no tiene mengua, ha superado todos los límites de la obsesión. ¡Pero la diplomacia internacional va por otros rumbos y Francia, Inglaterra, España y Holanda firman un tratado de paz en Amiens!

Para 1803 se rompe este Tratado, la paz de Amiens es simplemente una paz entre gobiernos hipócritas y vuelven a producirse en Londres las reuniones de Miranda con Vansittart y otros integrantes del Gabinete. Redacta Miranda otro memorando que sugiere abrir operaciones por Trinidad. Pero el Ministro Addington no se decide y finalmente el día 17 de agosto se le comunica a Miranda oficialmente que no habrá ataque a las colonias de España, porque este país se ha declarado neutral. Miranda presiona a todos cuanto puede y entre tanto nace su primogénito Leandro hijo del ama de llaves Sara el 9 de octubre.

Ya en el año siguiente iniciando, Haití declara su independencia de Francia y las tropas de Napoleón han sido derrotadas. Pitt vuelve al Ministerio y Miranda señala el peligro que representa Napoleón para América. Este se corona Emperador en Notre Dame y muere su amigo Alexander Hamilton en un duelo, Miranda lamenta mucho su muerte pues además era uno de los que le ayudaría a la causa libertaria de América.

Entra 1805, un año determinante en varios sentidos. Hace Miranda nuevos intentos de convencer al gobierno británico y habla con varios amigos, pero encuentra indecisión en el Ministro Pitt. En agosto entre tanto Simón Bolívar acompañado por su maestro Simón Rodríguez, jura en el Monte Sacro de Roma, independizar a Venezuela. En Trafalgar los buques de la Armada Británica destruyen las Armadas de Francia y España coaligadas y fallece el Almirante inglés Horacio Nelson en el combate naval. Trafalgar significa para América, que España se quede sin Flota para afrontar la revolución de sus colonias y tardará diez años en reponer sus buques, para la expedición de Pablo Morillo contra Venezuela y la Nueva Granada. Mientras tanto Napoleón afronta con éxito las coaliciones europeas en su contra y cansado de esperar y decidido a no detenerse, Miranda solicita a Pitt permiso para trasladarse al Nuevo Mundo. Pitt exclama: “Si el dinero tuviese importancia para Miranda, podríamos intentar detenerlo, pero es inútil pensar en esto: sus ideales están por encima de estas consideraciones” Otorga el permiso y ordena que se le entreguen 1.600 libras. Miranda decide entonces, hacer su testamento y compra una imprenta.

El 2 de septiembre parte hacia New York, con el nombre falso de Míster Martin, le acompaña su secretario Tomás Molini, ¡la travesía dura dos meses! Entra inmediatamente en actividad: necesita buques, armas, pertrechos, hombres. Samuel G. Ogden aporta $20.000 dólares, otros comerciantes $2.500 y se traslada a Washington a fin de tomar contacto con el gobierno y solicitar bien ayuda, bien autorización indirecta de modo que su empresa no sea obstaculizada. Jefferson es el Presidente y le recibe enseguida, pero le dice que los Estados Unidos no pueden romper su amistad con España, país que ayudó a la Independencia. El ex Vicepresidente Aarón Burr y otros políticos le traicionan e informan de cuanto saben al Embajador Español Irujo.

El 2 de febrero de 1806 zarpa el buque Leander hacia Jacmel, en Haití, capitaneado por Thomas Lewis. El hijo de su gran amigo Smith viaja entre los voluntarios compañeros de Miranda; llevan suficiente tripulación y armas.

El Acto Histórico se define así: Ninguna nación quiere apoyar a Miranda en la Independencia americana, el líder se lanza solo a la hazaña, abre operaciones de guerra personalmente, inicia aunque de manera modesta una gran guerra. Madrid, Venezuela, Cuba, son informados inmediatamente de la partida de Miranda. ¡Lo aguardarán! A los 15 días arriban a Jacmel, donde adquiere las goletas Bee y Bacchus. De allí siguen hacia Aruba y parten hacia el puerto venezolano de Ocumare donde pretenden desembarcar pero son atacados por dos buques mucho más robustos de la Armada española que solo dejan a flote a la Leander que sigue hacia Bonaire. Las dos goletas son capturadas con 60 hombres que son trasladados a Puerto Cabello. Diez son condenados a muerte y los demás a prisión y trabajos forzados por varios años. Son los primeros mártires de la emancipación, casi todos norteamericanos. Miranda avanza a Barbados y llega a Trinidad el 7 de junio. El jefe de las Fuerzas Navales Británicas Almirante Alejandro Cochrane le ofrece a Miranda todo su apoyo, también el Gobernador de Trinidad, Hislop.

El 25 de julio salen de Trinidad el Leander y nueve buques más y se les une otra Fragata, llegando los 11 buques a la Vela de Coro desembarcando la tripulación y tomándose el fortín el 2 de agosto. Marchan hacia la ciudad de Coro con Miranda como Jefe; encuentran la ciudad abandonada por la mayoría de los moradores que han huido por temor y presión de las autoridades españolas. Se combate a orillas del río y hay muertes entre los patriotas, se distribuyen proclamas y se retorna a los buques, partiendo rumbo a Aruba.

Miranda ha demostrado que se podía desembarcar en tierra continental americana. Su hazaña constituye un gran anuncio a todos los revolucionarios. Avanza hacia Barbados y llega a Trinidad el 8 de noviembre.

Entrado 1807, se le informa que su amigo Popham, ha comandado una expedición inglesa y se ha apoderado de la ciudad de Buenos Aires; condena esa acción que no la considera independizadora y espera inútilmente auxilios de Inglaterra o de Estados Unidos y al cabo de casi un año, decide retornar a Londres.

El 31 de diciembre de 1807 entra a Portsmouth y es recibido triunfalmente con repique de campanas, al día siguiente, primero de enero de 1808, entra a su casa de Grafton Street y conoce a su segundo hijo, Francisco, nacido el 27 de febrero de 1806. Se pone enseguida en contacto con los Ministros y autoridades que le dan un buen recibimiento. ¡Han visto de lo que era capaz!

Entre tanto Napoleón invade España y abdica Carlos IV y su hijo Fernando en Bayona. Miranda comunica de inmediato a todos los Cabildos de América para que se constituyan en poder independiente y presiona ante Inglaterra para que apoyen la revolución americana.

El Gabinete Inglés está ahora decidido y le nombra al General Arthur Wellesley para que comande la expedición, con la Armada que se encuentra en Cork. Pero como siempre, se atraviesa el destino: Los sublevados españoles contra Napoleón y contra su hermano José (Pepe Botellas), que ha sido designado Rey de España, piden auxilio a Inglaterra. Para los ingleses lo primero es destruir a Napoleón y se ordena que la Armada de Cork, en vez de ir a América en expedición libertaria, parta a España, lo que acontece en julio. Miranda se enfurece, se siente frustrado, protesta, pero nada puede hacer y exige la devolución de todos sus papeles. Entra en conferencia con Wellesley y su presión ahora es directa sobre los americanos.

Para 1809 la incitación de Miranda para que se formen Juntas de Gobierno empieza a dar resultados concretos. América le obedece a Miranda, el revolucionario. Las Juntas de Chuquisaca y de Quito son las primeras. Miranda toma nexo especial con los americanos residentes en Londres y así conoce al guayaquileño José María Antepara.

En todas estas acciones se ve la manos de la masonería que ayudaba activamente a la conspiración que Miranda lideraba en contra de España en América y fueron muchos los correos humanos que fueron y vinieron trayendo y llevando información valiosa para los planes que el precursor presentaba ante los Ministros ingleses y 1810, es el año de la insurrección en América. Se constituyen Juntas de Gobierno en México, La Paz, Caracas; Buenos Aires, Santafé, Santiago de Chile, Asunción, Guatemala y Santo Domingo. Era estrategia y sabiduría política aprovechar el debilitamiento de España donde gobierna un Consejo de Regencia que América no reconoce. Este Consejo declara a los hispanoamericanos Hombres Libres. Ya es tarde. América se alza entera contra España ¡Miranda ha triunfado en su labor de treinta años! La Junta de Caracas envía a Londres tres comisionados: Simón Bolívar, Luis López Méndez y el secretario Andrés Bello; quienes deberán conferenciar con el Gobierno Británico para obtener su apoyo. El introductor es Miranda que ha creado ya un gran ambiente con la publicación entre marzo y mayo de la revista El Colombiano”.

Nada se consigue en concreto, pero Bolívar logra que Miranda retorne a Venezuela. Se adelanta Bolívar y Miranda llega a Caracas el 13 de diciembre; parte de su familia ha muerto, solo vive una hermana, María Antonia y en algunos sectores de los mantuanos encuentra hostilidad, le defiende el grupo de Bolívar que es poderoso y la Junta le nombra Teniente General de los Ejércitos de Venezuela.

El dos de marzo de 1811 se instala el Congreso Constituyente de Venezuela y Miranda concurre como Diputado de la población de El Pao. Antes ha sido presidente de la “Sociedad Patriótica” Centro de la conspiración contra España y manera de encubrir los trabajos de logia para adelantar las tareas que deberían llevar a cabo los patriotas.

El Congreso declara la independencia de Venezuela el 5 de julio y Miranda está allí para firmar el Acta. Gran parte de la Constitución, es obra suya, se adopta la bandera por él inventada e izada por primera vez en su expedición de 1806. Valencia se declara contra la Independencia y Miranda la somete militarmente. Propone que sigan las acciones contra Coro y Maracaibo, ciudades que también se han opuesto a la independencia, pero se niegan los mantuanos de Caracas y él se reincorpora al Congreso y se firma la nueva Constitución el 21 de diciembre y Miranda aunque la firma, deja constancia de sus objeciones al pie de la firma.

TESTAMENTO DE MIRANDA

Londres 1 de agosto de 1805

Disposición Testamentaria

Hallándome a punto de embarcarme para la América, con intento de llevar a debido efecto los Planes-Políticos en que tengo empleada gran parte de mi vida; y considerando los graves riesgos y peligros que para ello será indispensable superar; hago esta declaración a fin de que por esta se cumpla (en caso de fallecimiento) esta mi voluntad.

Los bienes y derechos de familia que tenga en la ciudad de Caracas Provincia de Venezuela, mi Patria – los dejo a beneficio de mis amadas hermanas, sobrinos y deudos, a quienes afectuosísimamente deseo toda prosperidad.

Tengo en la ciudad de París en Francia, una preciosa Colección de Pinturas, Bronces, Mosaicos, Gouaches, Estampas (Según los catálogos y legajos) que paran en poder de Mr. Clericaux d´Auteville – y de su yerno Mr. Le Grand Arquitecto de la ciudad de París; y del abogado Mr. Chauvaux La Garde mi defensor y amigo. Así mismo me debe la nación francesa por mis sueldos y gratificaciones en tres campañas que serví la República a mi costa comandando sus ejércitos (según cuentas de la Tesorería Certificación de Ministros de la Guerra Servan, Pile, etc…) unos diez mil Luises por la parte que menos; hasta el año 1801, en el mes de marzo que el infame Bonaparte me honró como el Directorio, con una especie de ostracismo y yo voluntariamente renuncié la Francia , como nación envilecida y subyugada por los hombres más perversos de la Revolución Francesa!

Dejo así mismo en la ciudad de Londres en Inglaterra mis papeles, Correspondencias Oficiales con Ministros y Generales de Francia en tiempos que comandé los Ejércitos de la República y también varios mss. Que contienen mis viajes e investigaciones en la América, Europa, Asia y África con objeto de buscar la mejor forma y plan de gobierno para establecimiento de una sabia y juiciosa libertad civil en las colonias H. Americanas; que son a mi juicio los países más bien situados y los pueblos más aptos para ello, de cuantos yo tengo conocidos – quedan estos cerrados y sellados en 30 cajas de cartón – (más 1 portafolio de cuero que está en poder de Mr. Clerissaux en París). Más mi correspondencia y negociaciones con los Ministros de S. M. B. desde el año 1790 hasta el presente día, acerca de la Independencia absoluta y del establecimiento de la Libertad Civil en todo el Continente H. Americano; en los propios términos que la Francia lo hizo con los Estados Unidos de América – están igualmente cerrados en 4 portafolios de cuero, con mi sello.

Ítem una biblioteca de libros clásicos griegos, latinos, italianos, franceses, ingleses, alemanes, portugueses, y españoles como consta del Catálogo II (serán todos unos seis mil volúmenes).

Ítem los muebles y adornos de la casa en que vivo N° 27 – Grafton Str.: con alguna plata y loza, según el Catálogo I.

Dejo por encargados y albaceas en esta ciudad de Londres a mis respetables amigos Jhon Turnbull Esq. Of Guildford St. (Por su falta Peter Turnbull su hijo) y al muy honorable Nich. Vansittart a quienes suplico se encarguen de mis asuntos durante mi ausencia – y de la ejecución de esta mi última disposición en caso de fallecimiento.

1° Todos los papeles y mss. Que llevo mencionados, se enviarán a la ciudad de Caracas (en caso de que el país se haga independiente, o que un comercio franco abra las puertas de la provincia a las demás naciones – pues de otro modo sería lo mismo que remitirlos a Madrid) a poder de mis deudos o del Cabildo y Ayuntamiento, para que colocados en los Archivos de la ciudad, testifiquen a mi Patria el amor sincero de un fiel ciudadano – y los esfuerzos constantes que tengo practicados por el bien público de mis amados compatriotas.

A la Universidad de Caracas se enviarán en mi nombre los libros clásicos griegos de mi biblioteca, en señal de agradecimiento y respeto por los sabios principios de Literatura y de moral cristiana con que alimentaron mi juventud; con cuyos sólidos fundamentos he podido superar felizmente los graves peligros y dificultades de los presentes tiempos.

2° Toda la propiedad que queda en Londres y en Francia (según llevo expresado anteriormente) se aplicará a la educación y beneficio de mi hijo natural Leandro, que dejo especialmente recomendado a mis albaceas y amigos, pues queda en la tierna edad de 18 meses y sin más protección de deudos o parientes.

3° Las 600Libras que dejo a Mr. Turnbull para ir pagando la renta y gastos de mi casa (según el arrendamientos de 10 libras anuales) se entregarán en la parte restante a mi fiel ama de llaves – Sara Andrews a quien dejo igualmente los muebles de mi casa N° 27 – Grafton Street, La Palta, loza de la misma casa, etc…

 

 

P.S.

A mi estimado amigo el muy honorable Nich Vansittart dejo por memoria la colección de cartas y mapas geográficos que están en un cofre hecho para el efecto – y a Mr. Turnbull los dos grabados de Morghen de la Transfiguración y el Cenáculo que están en la sala principal – y dos cuadros de los que están en París a su elección –

(Por su falta su hijo Peter Turnbull).

EPÍLOGO

Se avecina un año trágico para Miranda, el 23 de febrero de 1812 el Congreso se traslada a Valencia, nueva capital federal, contra la opinión de Miranda. Se elige nuevo triunvirato y el nombre de Miranda aparece en décimo lugar. El 26 de marzo, Miranda está en Caracas. Se produce un gran terremoto en el país y hay más de veinte mil muertos. El clero y los pro monárquicos pregonan “El Castigo de Dios” por haberse sublevado los patriotas contra las legítimas autoridades españolas. Hay pánico en las gentes y en los ejércitos indisciplina. Las tropas de Miranda se pasan al bando contrario en pleno combate, hay descontento general y varias sublevaciones y el Poder Ejecutivo le entrega a Miranda las facultades extraordinarias, el Congreso clausura sus sesiones.

A fines de abril Miranda nombra al Coronel Bolívar como Comandante de la Plaza de Puerto Cabello, donde está almacenado el parque. Bolívar es traicionado y pierde la Plaza. El español Domingo Monteverde desembarca en Coro, procedente de Puerto Rico e inicia la ofensiva española hacia el centro, apoderándose de Siquisiqui y Carora. Miranda entre tanto en su Cuartel General en Maracay, trata de retomar a Valencia evacuada por los patriotas. Quiere disciplinar sus tropas, pero aumentan las deserciones y hay choques con las fuerzas de Monteverde, lo que hace que Miranda deba retirarse hasta La Victoria. Monteverde trata de tomarse La Victoria por asalto y Miranda toma su espada y combate personalmente con su Cuerpo de Lanceros rechazando a los realistas durante ocho horas. ¡Ha reaparecido el héroe de Valmy! Se sublevan los esclavos de Barlovento, no hay salvación. Celebra en La Victoria una Junta que le autoriza capitular y esta se firma en San Mateo el 25 de julio.

Debe licenciar a su ejército y previamente le paga a la tropa, encarga entonces a Leleux que se ocupe de su archivo llevándole a la Guaira y embarcándolo en la Corbeta inglesa Sapphire, lo que se cumple y el archivo se salva.

Miranda se dirige a Caracas y luego a La Guaira, Monteverde ocupa Caracas y en La Guaira le instan a que se embarque en la Sapphire, pero prefiere quedarse a dormir en tierra. Hay un traidor en todo ello y es el Comandante Militar de La Guaira, Manuel María de las Casas, quien ha estado en comunicación permanente con Monteverde y planea entregar la Plaza y apresar a Miranda. Se vale del descontento de los oficiales a quienes les ha parecido inaceptable la capitulación, entre ellos Bolívar y a las tres de la madrugada entre el 30 y el 31 de julio, le despiertan y le apresan estos oficiales. Se han sublevado estos inferiores contra el Jefe! Miranda despectivamente exclama: “No saben hacer sino bochinche” y se entrega. Le llevan a la cárcel de El Castillo. Arriban entonces las tropas españolas, con el Comandante Javier Cervériz y los presos pasan a poder de España. Miranda al cabo de treinta años de persecución, cae al fin prisionero. Sus planes habían sido, salir de Venezuela, dirigirse a la Nueva Granada donde contaba con Nariño, para volver a la guerra en Venezuela con refuerzos neogranadinos. (Lo que cumplirá Bolívar seis meses más tarde, en la Campaña Admirable de 1813).

Monteverde violó todas las cláusulas de la capitulación: Miranda es cargado de cadenas en las bóvedas de La Guaira, donde le retienen por cerca de cuatro meses y lo trasladan luego a las húmedas mazmorras de San Felipe, en Puerto Cabello.

Miranda no se rinde y encuentra la manera de preparar y mandar un memorial a la Real Audiencia de Caracas. Exige que se cumplan los términos de la capitulación y pide la libertad de todos los presos. La Real Audiencia decide enviar una Comisión y le encuentra encadenado, dos meses más tarde, le quitan los grilletes. Entre tanto en Londres, fracasan todas las gestiones que sus amigos hacen en su favor. Inglaterra continúa la alianza con España. ¡La respuesta al memorial, es su traslado a la fortaleza del Morro, en Puerto Rico! Desde allí, envía un memorial a las Cortes de Cádiz, pide que se le mande a la Península y se le cumple, encerrándole en la Carraca de Cádiz a fines del año. Espera ser oído, hallándose en tierra peninsular y entre tanto Fernando VII ha recuperado el Trono.

Entra el año de 1814 y en la Carraca tiene a dos personas que le vigilan y un guardia especial. Puede escribir cartas pero no le permiten ninguna lectura y nada sabe de los aconteceres del mundo, se comunica epistolarmente con sus amigos masones de Londres que le envían dinero secretamente. Turnbull le envía a su hijo, que le ve a Miranda sin lograr hablarle. Sugiere que se puede sobornar a la guardia con mil libras. Hacia mediados del año siguiente, es decir 1815, consigue que le dejen unos libros clásicos latinos y otros. Ha pasado unos meses muy amargos y difíciles y llega el año de 1816, se fija la fecha de la fuga para el 11 de marzo, pero se aplaza, el 25 sufre un ataque de apoplejía y le atiende su fiel sirviente Pedro José Morán. Efectúan cuatro juntas médicas, pagadas con el dinero destinado a la evasión. No hay esperanzas. El 14 de julio, aniversario de la Toma de la Bastilla, fallece Miranda a la una y cinco de la madrugada.

La Partida de Defunción dice: Falleció el particular de causa pendiente y reo de Estado Francisco Miranda, hijo de Sebastián, natural de Benezuela en Caracas de estado soltero”. Su cadáver, sepultado en el cementerio, fue arrojado a la fosa común en 1870, al ser clausurado el cementerio primitivo e inaugurado uno nuevo en otro punto. ¡Nadie en América habló de esta muerte!51

Su sirviente Morán le escribe al señor Peter Turnbull: El 14 de julio de 1816, a la una y cinco de la mañana, entregó su espíritu al Creador. Había muerto el hombre a quien Bolívar, diez años más tarde, el 11 de julio de 1826, llamará El más ilustre colombiano…

Por una tremenda casualidad del destino, el mismo día de la partida de Miranda a la eternidad, Bolívar intentaba, sin éxito, invadir a Venezuela por el lugar en donde había fracasado Miranda diez años atrás, la bahía de Ocumare…52

Sesenta y seis años de un noble y esforzado vivir se han hundido en el calabozo de las Cuatro Torres. Ahora queda solo su nombre grabado en un folio de libro de defunciones del arsenal gaditano y su cuerpo en la quietud final, planta el último vivac en el pequeño cementerio que más tarde es clausurado como para que se borre hasta su recuerdo.

En Francia, aquella amorosa y voluble Delfina, que coronó de voluptuosidades muchos de sus días, tendrá, en un atardecer de su existencia, alguna lágrima para el antiguo Mariscal de la Gironda. En las brumas de Escandinavia, una nostálgica mujer pensará en su Don Juan difunto; en las estepas rusas, blondas condesas de Moscovia recibirán con pesar la noticia y recordarán al gallardo Coronel español perseguido por los absolutismos. Alguna cálida española encenderá una oración a su recuerdo y en Londres la mujer y los hijos, comparten con Molini – el fiel secretario – el dolor de su muerte.

Ricardo Wellesley al enviar el pésame a la familia, dice en carta para Tomás Molini: “Todos los hombres, cualesquiera que puedan ser su partido y sus principios, lamentarán de consuno la prematura muerte de un individuo, capaz por sus talentos, sus conocimientos y su experiencia de prestar eminentes servicios a su país”.

Y sobre la tumba perdida flotarán las leyendas, como en su vida crecerá el rumor de su envenenamiento y el de la aplicación de la Ley de Fuga. Al soplo de la leyenda – adversa o admirativa – ha de vagar su recuerdo como antes su vida errante, entre asechanzas y glorificaciones y mientras en Venezuela, en su Colombeia toda crece el drama libertador que fue su sueño, el bordoneo del cuatro criollo los realistas lo recordarán, cuando en los valles Aragüeños y en las noches valencianas, el galerón que prendiera el fanatismo popular cuando sus paisanos lo vieron con el arete girondino, en su dolorosa y noble aventura del generalísimo libertador:53

En la oreja lleva el aro,

Que llevará en el infierno”…

 

 

 

FRANCISCO JAVIER ACEVEDO RESTREPO

M:. M:.

Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia Militar

Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Valle del Cauca

Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Cundinamarca

Miembro Fundador de la Academia Colombiana de Historia Masónica

Miembro Fundador de la Academia Pereirana de Historia

 

Bogotá, 30 de mayo de 2016

 

 

 

 

Bibliografía

Francisco de Miranda Precursor de la Independencia Hispanoamericana 1750 – 1792. Ricardo Carrasco presidente de la Sociedad Bolivariana de la República Argentina. S.A. Editorial Bell - 1951 Buenos Aires – Argentina.

Aventura y Tragedia de D. Francisco de Miranda. José Nucete – Sardi. Cuarta Edición Editorial González González – Caracas Venezuela 1956

Francisco de Miranda Protolíder de la Independencia Americana. Alfonso Rumazo González. Centro de Documentación e Información Conatel. Caracas Venezuela 2006

Ibídem

En el año 1776 había ya una logia en Cádiz según informe de la Inquisición de Madrid a la de Sevilla. Cf. Ferrer Benimelli, José A.

Influencia Revolucionaria de la Masonería en Europa y América. Julio Hoenigsberg. Nobel Impresores – Barranquilla 1999, Segunda Edición.

Ibídem

Francisco de Miranda, Protolíder de la Independencia Americana. Alfonso Rumazo González. Centro de Documentación e Información Conatel, Caracas, Venezuela - 2006

 

Salcedo Bastardo en el Diario de Viaje de Miranda a través de los Estados Unidos.

Cagigal a Ministro Gálvez, La Habana, Reservada número 22, 22 de enero de 1782. Archivo del General Miranda. Edición 1930. Tomo V

Francisco de Miranda, Protolíder de la Independencia de América. Alfonso Rumazo González, Gráficas Lauky, Caracas, Venezuela 2006. Conatel.

Miranda. Tomás Polanco Alcántara. Editorial Ex Libris 2ª Edición 1997 Caracas - Venezuela

Ibídem

Pueden verse esas cartas en COLOMBEIA, Tomo II, páginas 301, 302 y 317

Cajigal al Intendente y este a Cajigal, ambas del 10 de septiembre de 1782, COLOMBEIA Tomo II páginas 313 y 314

Miranda. Tomás Polanco Alcántara. Editorial Ex Libris 2ª Edición 1997 Caracas - Venezuela

Nota de Miranda fechada 1 de abril de 1783. Archivo del General Miranda. Edición de 1930, Tomo V, página 139.

Miranda a Cajigal, 16 de abril de 1783. Archivo del General Miranda. Edición 1930, Tomo VII, página 9.

Miranda a Cajigal. 16 de abril de 1783. Archivo del General Miranda. Edición de 1930, Tomo VII, página 10

Cajigal a Miranda, La Habana, 18 de mayo de 1783, Archivo del General Miranda. Edición de 1930, Tomo V, página 242.

Miranda a Cajigal, Filadelfia 11 de enero de 1784, Archivo del General Miranda, Edición de 1930, Tomo VII, página 12.

Anotación correspondiente al día 29 de julio de 1783, Archivo del General Miranda, Edición de 1930, Tomo I, página 205.

 

Cajigal a Miranda, La Habana, 18 de mayo de 1783, Archivo del General Miranda. Edición de 1930, Tomo V, página 242.

Miranda a Cajigal, Filadelfia 11 de enero de 1784, Archivo del General Miranda, Edición de 1930, Tomo VII, página 12.

Anotación correspondiente al día 29 de julio de 1783, Archivo del General Miranda, Edición de 1930, Tomo I, página 205.

Miranda. Tomás Polanco Alcántara. Editorial Ex Libris 2ª Edición 1997 Caracas - Venezuela

Carl J. Richard, The Founders and the Classics, First Harvard University Press Paperback edition, 1995 página 69.

Gálvez a Floridablanca, Aranjuez 23 de abril de 1784 y Floridablanca a Bernardo del Campo, San Idelfonso, 11 de agosto de 1784. Legajo 8139 de la sección de estado, del Archivo General de Simancas. Transcrito por don Ángel Grisanti en Miranda juzgado por los funcionarios españoles de su tiempo, obra citada, páginas 42 y 43.

Legajo 8141, folio E, AGS, Londres, 27 de mayo de 1785, Grisanti, Miranda juzgado por los funcionarios españoles de su tiempo, obra citada, página 63.

Floridablanca a del Campo, Madrid 18 de julio de 1785, AGS, Estado, Legajo 8141, folio U, Grisanti. Miranda juzgado por los funcionarios españoles de su tiempo, obra citada, página 71.

Charles Gravier, Conde de Vergenne (1717 – 1787), Ministro de Relaciones Exteriores de Luis XVI, participante en la negociación de la Paz entre Inglaterra y sus colonias en 1783 y en los tratados comerciales entre Inglaterra y Francia en 1786. Trabajó muy cercano a la Corte de Madrid.

Correspondencia entre esas personas AGS, Estado, Legajo 8157. Grisanti 178 a 185.

Miranda. Tomás Polanco Alcántara – Editorial Ex Libris 1997 2ª Edición, Caracas, Venezuela.

 

Ministerio Español, en cifra a Normandéz, 1 de enero de 1787, Archivo Histórico Nacional, Sección Estado. Grisanti. Miranda juzgado por los funcionarios españoles. Obra citada, página 189.

Miranda bien sabía que su grado era de Teniente Coronel, concedido después de Pensacola, por el Gobernador y Capitán general Interino don Juan Manuel de Cajigal y que no fue ratificado por la Corona. Cajigal el 6 de enero de 1782, manifestó al Rey que Miranda era acreedor a “Los ascensos que la bondad de S.M. quiera dispensarle” y dos días más tarde el mismo Miranda suplicó a la Corona ser ascendido a Coronel. Archivo del General Miranda. Edición de 1930, Tomo V, páginas 55 y 57.

Encargado de negocios de España don Pedro de Macanaz a don Francisco de Miranda. San Petersburgo 14 de julio de 1787. Archivo del general Miranda. Edición de 1930 Tomo V página 303.

Francisco de Miranda Diario de Viajes – Selección y prólogo de Miguel Castillo Didier. Monte Ávila Editores. Caracas Venezuela 1ª Edición 1992. Patrocinada por Petróleos de Venezuela PEDEVESA.

Láutico García SJ, Francisco de Miranda y el Antiguo Régimen Español. Obra citada, páginas 320 y 321.

Del Campo a Floridablanca, Londres 8 de octubre de 1789. AGS. Sección Estado, Legajo 8146, folio 42, Tomás Polanco Alcántara, Miranda, obra citada páginas 106 y 107.

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Francisco de Miranda Precursor de la Independencia Hispanoamericana 1750 – 1792. Ricardo Carrasco presidente de la Sociedad Bolivariana de la República Argentina. S.A. Editorial Bell - 1951 Buenos Aires – Argentina.

Aventura y Tragedia de D. Francisco de Miranda. José Nucete – Sardi. Cuarta Edición Editorial González González – Caracas Venezuela 1956

Francisco de Miranda Protolíder de la Independencia Americana. Alfonso Rumazo González. Centro de Documentación e Información Conatel. Caracas Venezuela 2006


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